El escándalo de la Iglesia – Miniidea


Que no es uno, sino muchos ciertamente. Como algunos proclaman por todos lados, la Iglesia hoy es un escándalo, plantada en medio de una sociedad moderna, como la nuestra, cargada de tantas bondades y de tantas miserias. Es escandalosa, pero sin hacer demasiado ruido, la verdad. El ruido no viene habitualmente ni de sus obras, ni de sus acciones, ni de sus palabras. La mayor parte de palabras de la Iglesia se silencian, para que resuenen solo aquellas que interesadamente se dejan correr. Algunas incluso manipuladas. Sería muy fácil resolverlo diciendo que “esto es iglesia”, cuando va bien, y “esto no lo es”, cuando existe aquello que no queremos. Pero no, lo escandaloso es que todo es Iglesia, que no hay dos sino una, que todos navegamos en el mismo barco.

Me parece, ciertamente, y es una opinión personal, que el verdadero escándalo de la Iglesia no se anuncia en los periódicos, y va por otros derroteros diferentes. Su escándalo, como el del Señor, tiene más que ver con la Cruz, con sus testigos fieles, con su presencia generosa, con la fuerza de su predicación, con la búsqueda que propone, con la nueva humanidad que anuncia. El escándalo es que haya personas tan buenas, tan excelentes, tan bendecidas, tan sorprendentes, tan libres, tan entregadas, tan generosas. El escándalo es que grandes hombres hayan permanecido en ella, conduciendo a la humanidad. El escándalo de la Iglesia es su fidelidad al Evangelio, que sorprende incluso a los no creyentes cuando lo leen, sin que quieran cambiar ni una sola letra. El escándalo es su fundamento, su origen, la vida desplegada en siglos. El escándalo real de la Iglesia hoy no tiene nada que ver con su historia, sino con tantos hombres y mujeres que entregan su vida con fe, amor y esperanza en lo cotidiano. Insisto, sin ruidos ni proclamas tantas y tantas veces. Y con esas palabras valientes que anuncian una vida posible, una solidaridad con fundamento, un camino abierto. Tiene que ver más con sus lugares de silencio y recogimiento, que con las fiestas multitudinarias; con las acciones donde la mano derecha no sabe lo que hace su izquierda, con la atención al prójimo seria e incondicional, con el compromiso radical con el amor. El escándalo de la Iglesia es la fuerza de su perdón y fidelidad; un perdón que recibe en primera persona, y que ante las caídas la hace levantar nuevamente con más vigor si cabe, con más pasión si cabe, con más humildad si cabe; una fidelidad que no se sustenta ni en sus criterios, ni en sus fuerzas, y que tampoco se echa atrás ante su propia debilidad. El escándalo de la Iglesia es saberse habitada y anidada por el Espíritu, impulsada por Él, conducida a través de la historia grande y la historia pequeña de cada cristiano que busca con sinceridad al Señor. El escándalo de la Iglesia tiene que ver más con esto, que con aquello. Y esto, creo, el mundo también lo sabe, la sociedad lo reconoce en su interior. Quizá no lo diga, pero está en ella, son sus raíces más profundas e intensas, las que se engarzan con una humanidad en la que lo genuino no está ni en las cosas, sino en el espíritu y la vida, ni en el relativismo, sino en descubrir y acoger algo por lo que merezca la pena darlo todo, ni en la comodidad, sino en la fuerza y la pasión por entregarse. El mundo lo sabe, y lo busca. Por eso la Iglesia es motivo de escándalo, porque anuncia en su debilidad aquello que se quiere y desea vivir para siempre.

Muchos son los debates que se pueden abrir, las conversaciones que pueden ocupar estos temas. Sin duda alguna, nos llevaría una vida entera en ocasiones ponernos de acuerdo. Pero no se trata de esto, ni de palabras ni de diálogos sin más, sino de arriesgarse a vivir con Dios, en su presencia y compañía, abriendo la puerta de nuestra existencia a su impulso. Entonces los hombres descubrirían de qué estamos hablando, de cuál es el escándalo. Que Dios, tan grande y tan inmenso, lo que Absoluto y tan alejado, se haga cercano y desee compartir nuestra vida, y que mantenga su fidelidad y su apuesta por el hombre. La debilidad entonces se volverá majestuosa. Porque la debilidad será debilidad querida, y no será motivo ni de separación ni de alejamiento. El escándalo es proclamar un Dios que ama tanto, y plantarlo en medio del mundo. Sin quedarse en palabras, confiando, creyendo, esperando.

Cuando uno permite que se rompan sus esquemas, y la vida actúe en él, entiende de otra manera todo, siente de otro modo la realidad, se atreve a vivir de forma distinta. Todo cambia, siempre y cuando se quiera ver todo, y no una parte, se desee acoger por entero, y no según el propio gusto o placer. Lo que era piedra se transforma en motivo de cambio y de mayor alegría. Nos hace avanzar y ver lo que hasta entonces, quizá, estaba oculto.

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6 pensamientos en “El escándalo de la Iglesia – Miniidea

  1. Gracias por tus palabras!!! Reflejan a la Iglesia que he visto y conocido con mis propios ojos, y no a la que continuamente difaman por ahí. No digo que no sea criticable, pero ojalá nos fijemos todos más en el contenido que en el continente…gracias de nuevo

  2. Pingback: El escándalo de la Iglesia | Preguntarse y buscar

  3. En verdad, se da mucho de lo que escribe,, en las distintas comunidades, pero a veces tambien nos escandalizamos por poca cosa, cuando lo central lo importante y lo verdaderamente importante es el amor a Dios a nuestros hermanos,, gracias,,

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