Renovar las fuerzas


Es propio del hombre cansarse, incluso desgastarse y agotarse, intentar darlo todo. Es muy humano no renunciar al más que siempre añade una pizca de sufrimiento, al exceso que tengo oportunidad de hacer ahora y que luego quizá me pese. Hay oportunidades que, con buen criterio, no medimos por sus consecuencias en nuestras propias vidas, sino pensando en otros, adelantando un futuro diferente, cargando las miserias de los demás que no tendríamos por qué llevar sobre nuestros hombros. Quizá -palabra que me encanta-, sólo quizá, aquí se encuentre en no pocas ocasiones el tesoro que andamos buscando, la felicidad perdida por el hombre, la verdad de lo que realmente somos y podremos llegar un día a ser para siempre. En esta entrega, en este servicio. No en aquellas, que no cansan, sino en las concretas y cotidianas, que sí que ofrecen la posibilidad del cansancio.

La persona necesita descansar. No el cuerpo, la cabeza, o el corazón por separado. Sino toda la persona. De igual modo que trabaja toda la persona. En la misma dinámica de este cansancio -sin pretender una prudencia meramente humana, o un equilibrio de fuerzas y esfuerzos-, conviene aprender igualmente a renovar las fuerzas. Es más, diría que se puede incluso entender como parte de la misma entrega, del mismo trabajo, del mismo servicio. Si no recibes, no das. Si no descansas, no te podrás cansar. Si no reposas, no tendrás la oportunidad de moverte. Si no te renuevas y recreas (el recreo, ese tiempo maravilloso de la escuela), vuelves una y otra vez sobre lo de siempre, rutinario y demoledor. Renovar las fuerzas se convierte en algo esencial y clave en todo proceso y experiencia. No se puede estar siempre al calor de la batalla, en la lucha constante, en primera línea de combate. Y en esto, hay que ser inteligentes y perspicaces. Algunos reposos son programables, con su tiempo diario, semanal, mensual o anual. Otros, sin embargo, no.

Propongo algunos puntos para “renovar las fuerzas”, de los que seguramente alguno te resultará interesante:

  1. El orden permite el reposo. Cada día tengo más claro que para algunas personas además esto es esencial: llegar a casa y encontrarse con un hogar en el que no tener que andar rompiéndose el lomo. Poder entrar en el salón, sentarse en el sofá, disfrutar de la casa al margen del trabajo. En algún momento puede ser que haya que “cansarse para ordenarlo”, pero no en el día a día y menos al llegar de trabajar. Si quieres conseguirlo con facilidad, lo mejor es no desordenarlo “todo” en ningún momento. Aprender a usar y mantener “a raya” el propio hogar.
  2. Estar atentos y ser inteligentes. Ojalá dispusiésemos de un indicador de depósito, como los coches, y no fuera necesario sentir cansancio para renovarse y retomar fuerzas. Pero a falta de él, y con inteligencia, saber que todo esfuerzo lleva consigo un desgaste. Y por lo tanto, tantas veces como tengamos oportunidad de renovarnos estaremos navegando en dirección buena, con capacidad suficiente para llegar a la siguiente estación de repostaje. Esto lo enseña, según los más mayores, la vida. Y tarde o temprano lo aceptas como una de las grandes verdades de la existencia humana que quiere ser intensamente vivida.
  3. Lo extraordinario cansa, pero de otro modo. Permite alimentarse con experiencias diversas, hacer algo nuevo sirve para desconectar y ayuda a centrarse. No se puede hacer de lo extraordinario algo común, porque caería en lo de siempre. Tampoco hay que exagerar en la carrera por la anormalidad y la adrenalina, sino aprender que “salir del entorno”, cultivar otras realidades, oxigena y da respiro. Será que el mundo moderno occidental nos propone una forma de vida poco sana, pero las ciudades terminan ahogando a muchos, que deciden irse al campo. Por algo será. Ciertamente un día de descanso y un día tranquilo pueden no ser lo mismo.
  4. O lo contrario, por compensar. Disfrutar de lo más cotidiano y vulgar. Pero disfrutar, disfrutar. Por ejemplo, a quienes les supone un alivio poder preparar una buena comida, o darse a una buena lectura, o invitar a unos amigos a un encuentro informal, o salir con ellos, o simplemente estar en casa con buena música. Sin más, a lo básico, a lo común. Disfrutando de la familia, o de la soledad. Disfrutando de lo que se tiene, sin ganas de añadir ni una pizca. Disfrutando sin más, disfrutando.
  5. Liberar cargas, abandonar y dejar prudentemente. Toda renovación, por ejemplo de una casa, implica que hay cosas que se tienen que desalojar y salir. Hay que hacer sitio a lo nuevo, porque si no lo que se va consiguiendo es acumular y acumular, cosas de tiempos diferentes, que coexisten sin sentido en el mismo lugar. Si algo se toma, hay por otro lado que dejar. Renovar y coger fuerzas significa aceptar lo asequible, recuperar nuestras limitaciones en el tiempo y en el espacio. Y hacerlo “con estilo”, en una dirección, en el conjunto. Para renovar, hay que abandonar.
  6. Suprimir horarios y horas. Atender, dicho de otro modo, a otros ritmos personales. Bien a los propios, cuando se está solo, bien a los de las relaciones que tenemos cuando vamos con otros. Pero sin la imposición de una tabla que cumplir, un régimen de vida ante el que plegarse. O que el tiempo se marque de forma distinta, como la experiencia de un día natural, al que poco caso se hace, con su amanecer y su puesta de sol.
  7. Un periodo entregado a una sola cosa. Después, ya vendrán otras. Pero conseguir empujar, como barriendo, el resto de interferencias sobre nosotros. Dedicar, por ejemplo, una mañana a la música, a la lectura, al deporte, a una visita, a un museo, a descansar sin más ni más. Pero dedicarle tiempo amplio, sin cortapisas, como sin límite. Entregarse por lo tanto, en cuerpo y alma, como si en este momento de descanso no existiera nada más.
  8. Eliminar palabras, discursos, conversaciones que vayan en la dirección de siempre. En todas las profesiones ocurre que, cuando se juntan varios dedicados “a lo mismo”, se vuelve una y otra vez a parar en los mismos puntos muertos de siempre. Lo cual significa que, una y otra vez, retomamos “lo de siempre”. Sin descansar. Cambiamos de tema, y de nuevo a lo mismo. Conviene, ante esto, ser un tanto vigilante y hacer pactos con quienes nos acompañan.
  9. Olvido de la tecnología. Cada vez se impone más el trabajo online, o las tareas online, o los proyectos a distancia. Cualquier persona puede consultar algo en cualquier momento, porque se presupone que, al menos algunos, están conectados permanentemente. Ante esto, y conociéndonos, olvidar la tecnología al cerrar la puerta de casa. Guardado el móvil en su lugar, cerrado el ordenador, con la maleta llena de otras cosas. Esta experiencia es mucho menos exigente que llevarlo todo encima y no mirarlo.
  10. Acudir a las fuentes, renovar motivaciones. Esos primeros amores, esas genuinas llamadas que nos hacen ser lo que somos. No que lo “hicieran”, sino que se mantienen vivas y entusiasmantes. Nos recuerdan lo que estamos llamados a ser, lo que deseamos en algún momento con intensidad. Quizá no haya mejor palabra en el desaliento que ésta. Puede que no pocas veces conservemos la idea ilusa de que renovarse es igual a descansar, y no tengamos en cuenta el necesario empujón, el necesario aliento.
  11. Escaparse a un lugar querido. En línea con lo anterior, hay lugares y lugares. Algunos significan algo para nosotros, y, en cambio, otros pueden no ser absolutamente nada. Tampoco hay que coger avión para esto. Puede que para más de uno sea incluso su propia casa o un sofá familiar. Por cierto, que seguro que hay lugares maravillosos y magníficos en tu misma ciudad que convendría que visitases a tiempo, por si acaso se convierten en parte de tu mapa de retiro.
  12. Tomar decisiones adecuadas. El ejercicio de la libertad es cansado. Junto a la renovación de las fuerzas convendría tomarse en serio que la propia libertad, que se va esclavizando con el tiempo y pegando con el tiempo a determinadas realidades, hay que pulirla un poco más para que brille en su esplendor. No hago de ganas, de entusiasmos o de motivaciones, sin más. Hablo del ejercicio de la libertad que quiere y de la voluntad que se compromete. Cada decisión es una especie de “cadena” que asumimos, o cuerda por la que nos dejamos atar. De ahí que convenga, en más de una ocasión, revisar cuántas llevamos y hasta qué punto podemos con ellas. En adelante, soltar o amarrar.

Ojalá lo tengamos siempre presente, más presente. No sólo por nosotros. También por cuantos nos rodean, por aquellos a los que servimos, con quienes vivimos, a quienes queremos querer cada día. Porque incluso aquello que es básico, fundamental e importante, que parece que no faltará jamás, debe ser cuidado con cautela.

Anuncios

6 pensamientos en “Renovar las fuerzas

  1. Muy interesante el comentario renovar fuerzas: ” …porque incluso aquello que es básico, fundamental e importante, que parece que no faltará jamás, debe ser cuidado con cautela.

    Ojalá lo tengamos siempre presente, más presente. No sólo por nosotros. También por cuantos nos rodean, por aquellos a los que servimos, con quienes vivimos, a quienes queremos querer cada día”. Por mi parte te estoy plagiando, pero no lo podría expresar mejor…bueno para tenerlo presente de tiempo en tiempo…

  2. Yo agregaria un punto mas 13- entregarse amorosamente a la providencia Divina y poner en sus manos todos nuestros problemas y dificultades que nos pesan y nos cansan. Descansar en EL.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s