La vida cristiana requiere mortificación


Pero antes debe sentarse y comprender qué se le pide y cómo debe vivirla. Cierto es que hay tiempos especiales para ella, pero no por eso se puede circunscribir a los mismos. Para no lanzarse al mundo a vivir de cualquier modo creyendo que tiene en sus manos la absoluta verdad, la primera mortificación cristiana supone dejarse acompañar y guiar en el camino de su fe y vida cristiana. Una primera mortificación por tanta, que estimo cada vez más necesaria, pasa por el diálogo de cuáles son los aspectos en los que debemos avanzar en la vida. Y no de cualquier manera, sino con sinceridad.

Nada tiene que ver con dañar el propio cuerpo, ni la propia vida, ni sentirse mal, ni hacerse de menos, ni provocarse ni provocar situaciones dolorosa y sufrimientes en la vida. Quienes adelantan estas situaciones, sin saber qué les vendrá, gastan unas fuerzas preciosas. Y lo que es peor, no acogen el don que Dios les da. A todos esos que no valoran el don de Dios, el regalo que les ha dado, les mortificaría en línea contraria. Niégate a ti mismo. Mortificarse no es otra cosa que esto, que dar vida, que compartir vida. Si como cristiano tus mortificaciones no te llevan a amar más, a asemejarte más a Cristo, a dejarte abrazar por él, a acoger el Espíritu y su soplo, a ser más dócil y libre… ¿qué estás haciendo con tu vida?

En algunos casos mortificarse llevará a una mayor soledad y oración, en otros a una relación más intensa con ciertas personas buscando la caridad. Hay mortificaciones que se dan en un encuentro, y otras que presciden de los demás. Lo que sea con tal de despegarse del “hombre viejo” y vivir según el Espíritu, para las cosas del cielo. Estimo que unos tendrán que dejar de ver la televisión, apagar sus fuentes de información, acallar sus sentidos, y otros por el contrario abrir más los ojos, estirar las orejas. Conozco a una persona a quien le pidieron, mortificadamente, que escribira un libro. Y a otra que tuvo que vencer su vergüenza y timidez. Mortificarse, con lo mal que suelan, puede ser responsabilizarse o desresponsabilizarse, con la misma importancia. Siempre y cuando se haga con criterio. Porque en ocasiones estamos pegados a la realidad, a nuestros proyectos y criterios, a nuestras cosas y nuestros planes, y otras más bien todo lo contrario, como dejando que el tiempo pase sin ejercer plenamente nuestra libertad. ¡Sorprendente! En ocasiones será privarse, en otras nutrirse reservando tiempo para ello. Puede que la mejor mortificación sea, para algunos, incluso descansar, y en los tiempos que corren de prisas y ajetreos, dejar el lugar en el que están y pasar un fin de semana por ahí. Lo dicho, que algunos abandonarán lo que tengan que abandonar, para poder amar más; otros, por el contrario, deben saber y aprender a dar un paso hacia adelante.

La mortificación conduce a la humildad, a dejar hueco a Dios, a abrir espacio para su presencia y el soplo del Espíritu. Eso sí, siempre pasa por el amor de Dios, que no es como el nuestro; un amor que se complace en la verdad, que es paciente y sabe esperar, que lo justifica todo, lo aguanta todo. Sin amor, incluso lo más sublime se queda vacío de Dios, en una pura práctica estéril. Hay que ser equilibrados y saber discernir, porque esta práctica cristiana no viene a poner más cosas, más compromisos, ni tampoco necesariamente menos. Algunas personas llevan ya una vida que, de por sí y bien orientada interiormente, les llevará al Señor, poco a poco. Porque hay que aprender paciencia, conocer los propios ritmos, no aturullarse ni quemar. Es un pacto, eso sí, de radicalidad con el Señor y con el Evangelio. Pero cada persona tiene su momento, y todo tiene su tiempo. Por esto considero imprescindible un diálogo sincero con una persona que nos pueda orientar en esta dimensión, que significa que cada vez vamos siendo más del Señor, más del Amor, más de Dios.

Mientras la muerte actúa en nosotros, la vida crece en los demás.” (C, 18)

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4 pensamientos en “La vida cristiana requiere mortificación

  1. Todas las mortificaciones son validas si mi objetivo para realizarla es acercarme a Dios. Negarme a mi mismo para hacerme mas dócil al Espíritu Santo. La mortificacion por la mortificacion misma no tiene ningun sentido y seria puro masoquismo.

    • Completamente de acuerdo con toda la entrada. Dices lo que se tiene que hacer y cómo hacerla. Perdona por comentar tu entrada, pero lo dices bien, así es! Saludos!

  2. El segundo trimestre me matriculé en un curso al que asistía dos días por la tarde. Vi que a tres manzanas del centro había una iglesia, y decidí que uno de los dos días iría a misa, como ofrenda a la Virgen, pues llegaba mayo.
    El primer día me costó muchísimo separarme de mis compañeros, con los que hacía la vuelta a casa, para ir a la iglesia. Allí me encontré con la exposición del Santísimo, 30 minutos, antes de la misa.
    La segunda semana me costó también dejar a los compañeros con excusas… pero la tercera semana me sorprendí a mi misma recogiendo minutos antes que el profesor diera por terminada la clase… y además empecé a ir los dos días.
    Esperaba con verdadero entusiasmo el momento de salir de clase para llegar a la iglesia. Lo que en principio tanto me costaba se convirtió en un gozo que esperaba ansiosa, y me preguntaba el por qué de este cambio radical, ¿No aceptaría el Señor mi pequeño ofrecimiento? Estuve preocupada con este planteamiento. Al final pensé que El, infinitamente generoso, me devolvía con creces… pequeña mortificación a cambio de inmensa paz y alegría interior.
    Finalizado el curso, voy, a esa iglesia, un día en semana.

  3. “La mortificación conduce a la humildad”, “.”Hay que ser equilibrados y saber discernir” “Es un pacto, eso sí, de radicalidad con el Señor y con el Evangelio. Pero cada persona tiene su momento, y todo tiene su tiempo.”
    Lo de llegar a la humildad, ojalá, bien preciado a alcanzar. Y el resto transcrito completamene de acuerdo. Gracias de nuevo!

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