Algunas agendas pretenciosas


Soy de los que usan agendas desde el inicio. Ya os lo conté en un post anterior. Y la agenda se convertirá para mí en un referente vital básico. Lo que señalo en ella, que además de tareas y actividades incluye muchos nombres de personas y cosas, marcará el rumbo de más de un acontecimiento. Es un ejercicio de esclavitud increíble, de fidelidad enorme, de previsión y de anticipación. De algún modo cuando se concierta una cita te estás diciendo a ti mismo que estarás allí y entonces, dentro del tiempo y el espacio, y en ningún otro sitio más pase lo que pase, en principio, en el deseo. Aunque cada año gano en experiencia y con ella puedo leer entre líneas. Cuando hay huecos grandes implica que quizá conviene que estén, porque andaré cansado. Cuando las agendas van señalando hora tras hora algo, de aquí hacia allí, puedo intuir que algunas que tienen marcadas horas intempestive quizá cueste mucho realizarlas, o directamente pasarán al día siguiente, o las abandonaré a la nada marcándolas como si nunca hubieran existido más allá de los sueños.

De la agenda he aprendido infinidad de cosas. Mi primer coordinador, con quien me llevaba estupendamente y jugábamos de vez en cuando al padel las tardes de los jueves en una pista prestada, me avisaba de la diferencia entre los meses. Donde pone septiembre deberíamos escribir “con fuerzas de sobra”, pero en mayo tendríamos que dejar claro que “nos falta aliento”; diciembre es más breve, para muchos asuntos, que febrero, pues este último camina sin cortes. Y así sucesivamente. Tenía una distribución con motes de los meses del año muy clarificadora. Al principio, sinceramente, le escuchaba sin saber qué decía. Ahora me pliego, haciendo reverencia. Y aún así, por encima de esta sabiduría de lo cotidiano, afirmo rotundamente que los imprevisibles e inesperados existen, como ángeles o fantasmas en la noche que vendrán a visitarme cuando menos lo espere. Algunas distracciones son evitables durante la jornada, pero dejar de mirar algunos acontecimientos cerrando los ojos me parecería una desfachatez imperdonable, un insulto al tiempo que es creado para regalárseme.

Visto de este modo podría decir que toda agenda es pretenciosa. Al final quedará lo que quedará. Pero podemos aprender y crecer en nuestra temporalidad, que es nuestra vida lo queramos o no.

  1. Por un lado, cuidando el agobio de las cosas apartacadas en batería. Muchas cosas, una junto a otra acabarán colapsando y sometiendo a la nada los proyectos iniciales. Quizá estés presente con el cuerpo, pero el alma divagará, y llegará el momento en el que más que en esta o en esta otra andes ya dando por terminado el día.
  2. Un día intenso, pasa. Una semana intensa, agobia. La intensidad prolongada es insostenible. El corazón dice basta. O bien se para, el del cuerpo. O bien se atrapará a otras cosas que no podrá disfrutar, el corazón del alma desará lo que no tiene, lo que no disfruta, lo que no alcanza. Casi es mejor plantearse la intensidad en un par de cosas en la vida, y aprender igualmente a descansar, que estar sometido a su presión y tensión continua.
  3. Lo que llamamos descanso, deben serlo. En este caso prefiero la página en blanco, enteramente en blanco. Pero nuestro mundo no. Si coges la agenda, al menos la mía, de lunes a viernes tiene una distribución y los fines de semana otra, más pequeña, la mitad de pequeña. El sábado y domingo se lleva el mismo espacio en mi agenda que un solo día de la semana “laboral”. ¡Qué injusto! ¡Qué forma de educar es esta! Tendríamos que poder disfrutar de páginas en blanco, de los huecos.
  4. La ignorancia respecto a nosotros mismos siempre es enorme. Hoy he disfrutado con una clase -repetida varias veces- en la que se presenta al hombre como misterio. Añado aquello de tremendo y fascinante, como coletilla que acompaña a muchos, porque me sale prácticamente unido. El hombre no es misterio simplemente por su tiempo, porque permanezca escondido, sino que también lo es porque no se sabe lo que llegará a ser y lo que será capaz de alcanzar con su vida. Es misterio porque la verdad en él todavía no está del todo dicha, ni se puede decir totalmente escribiendo en una agenda. La verdad del hombre, la del libro de la vida donde el nombre lo dice todo, requiere una explicación que no alcanzamos a poseer. Tiene una imagen, porta en sí algo grande e infinito, incontenible, incontestable. Lo que espera muchas veces es sublime, con libertad.
  5. El ejercicio de la fidelidad y el compromiso. La agenda significa que se atan personas entre sí. Hoy mismo he apuntado una fecha para marzo, para un encuentro con unas personas que desconozco, que han contactado conmigo por teléfono. Han pedido, he escuchado, y hemos cerrado en agenda, como si se tratase de una alianza, que aquel día DM nos veremos por primera vez. Además, participando juntos de la vida. Si no lo escribiese en la agenda no se podría dar, al menos en mi escasa capacidad y memoria.
  6. Usar más de un color, para distinguir. Sobre todo escoger uno especial para hacer revisión al final del día. Lo no programado, que sucede. Las impresiones recibidas. Muchos, para estas cuestiones, disponemos de otros cuadernos de notas, donde poder extendernos con mayor claridad y pasión, también con más secreto. Pero si algo sucede, a mí personalmente me agrada escribirlo cuando la noche cae. Quizá, sólo quizá, haya sido capaz de llenarlo todo con su presencia e iluminar más allá de sí mismo. Lo de los diferentes colores lo utilizo sublimente con las nuevas tecnologías (tengo agendas duplicadas), pero en la de papel también dispongo de esa posibilidad. Me niego así a no incluir en “programa” aquello personal que me ocupa a mí, que me lleva a otros, que me conecta a la vida.
  7. Lo último que refiero sobre el tema, aunque podría andar todo el día pensando, porque se aprende mucho de la agenda, es que cada día tiene una Palabra marco. No juego todos los días a vivirla y conseguirla, como en ocasiones proponemos a los niños. Algunos días sí, todos no. Lo que siempre hago es enmarcarla para estar más atento. Una palabras, nada más, que me recuerdan que no soy sólo lo que quiero ser, sino que estoy llamado a escuchar algo más que a mí mismo o responder a demandas de otros. Hoy escribo esto porque lo que toca, y me toca mucho, es el camino excelente que propone Pablo. Hoy, quizá más que otros muchos días, esa Palabra y llamada al amor me recuerda que todo quedaría en nada si no pudiese amar, si no me permitiera ser amado, si no superase mis fronteras lanzándome a infinito que me separa del otro, o si no condescendiese ante quien quiere tratarme con cercanía, respeto e incluso cariño.

Como en la foto, también uso post-it. Pero eso significa que el día va intensamente cargado. A la vez me señalan que debo buscar la forma de descansar cuando todo haya pasado.

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Un pensamiento en “Algunas agendas pretenciosas

  1. DTB Padre…esperando lo mejor para usted, lei sus palabras de hoy sobre la agenda y es muy cierto..la vida misma seria como una y llevada de la mano de Dios para disfrutarla a plenitud.

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