15 minutos para escribir – Miniidea


Dentro de 15 minutos comenzaré a celebrar la Eucaristía, un piso más abajo del lugar en el que escribo. Cualquier momento es bueno, si es intenso con su inspiración. Algunos preguntan que de dónde saco tiempo para redactar tantos post, darle la vuelta a las cosas. En parte, me motivo en la urgencia, en la última hora, como si fuera un desafío final. Sólo tengo estos 15 minutos, no dispongo de más. Y soy responsable de ellos, de su buen provecho, de su recta dirección. Tienen que poder decirle algo a alguien, y voy escribiendo a la velocidad del trueno.

Así también es la vida, que está compuesta de pequeños instantes, algunos de los cuales superan su duración y se extienden más allá de sí mismos. Hoy mismo explicaba en clase a mis alumnos la notoria diferencia universal entre el chronos y el kairos, escrita en Grecia por primera vez. La primera mide el tiempo, queriendo controlarlo y dominarlo. La segunda sucede en forma de acontecimientos, que aunque podamos desear y propiciar, siempre son recibidos. Me pregunto cuántos de ellos son aprovechados a diario, y cuántos dejamos escapar, sin saber por qué ni qué hubiera pasado si nos hubiésemos abrazado a ellos, dejándonos impactar por su misterio y sorpresa. Me pregunto hasta qué punto con quince minutos diarios dedicados a algo con seriedad la vida del hombre puede alcanzar sabiduría, puede girar de forma sublime. Me pregunto por qué el mundo, un mundo como el nuestro tan acostumbrado a las prisas, valora que quince minutos no son nada y se pueden perder y dejar extraviar sin dirección ni rumbo. Me pregunto cuántas palabras caben en una conversación de quince minutos, y cuántas de esas palabras son verdaderamente importantes. Me pregunto cuántas personas podría saludar por los pasillos del colegio en ese tiempo, y a cuántas conocería y podría pronunciar su nombre. Me pregunto a dónde me llevaría salir de mi casa y pasear, sin saber qué encontraré, en ese cuarto de hora. Me pregunto si quince minutos son realmente valiosos, o si por el contrario, los menospreciamos, como tantas otras cosas pequeñas. La vida está compuesta de muchos quince minutos, y como hacen las madres que van acumulando “las sobras” de vez en cuando sirven para un gran banquete. Quien pierde quince minutos diarios, pierde mucho a lo largo de una vida entera. Quien los aprovecha, quien los regala, regala mucho, en exceso. Quince minutos son una belleza espléndida, una maravilla de Dios.

Quince minutos, con el recorte para poder bajar con paciencia y tranquilidad a la celebración, supone un buen tiempo para una buena confesión, un tiempo amplio para la oración ante el Señor después de la comunión, un buen tiempo para la escucha y acogida de su Palabra, un buen tiempo para acompañar a un hermano, un buen tiempo para dedicar exclusivamente al amor, un buen tiempo para tener un gesto, insignificante y cotidiano, con alguien que realmente esté esperando otra persona para compartir con él algo de su sí mismo.

Quien pierde su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.

Me voy a misa. Os tendré presentes.

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2 pensamientos en “15 minutos para escribir – Miniidea

  1. Qué sentido me hace esta entrada, pues los 15 minutos pueden dar sabiduría como nos dices tú, o se pueden haber perdido sin siquiera habernos dado cuenta. Una triste realidad es que el tiempo pasa y sin que nos demos cuenta, pasa en edad cronológica (realidad de vida) y pasa en el día muchas veces desaprovechado. Pero me hacen sentido esos 15 minutos como una gracia que me está permitiendo Dios de dedicarle aunque sea una vez al día en mis oraciones diarias: hablarle, contarle cómo estoy o solo decirle que tenga misericordia de mí. Esos 15 minutos de hablar con el Señor me fueron anunciados cuando empecé a usar el salterio hace unos 12 años y a intermitencia los desusé y cuántos perdí, pero no he sacado la cuenta; sin embargo Dios me ha permitido dedicarle esos 15 minutos desde hace unos meses para acá. Si no hacemos como dices tú, para hacer en ese corto espacio de tiempo algo que valga la pena tan pequeño como una plática o un saludo o empezar una plática con Dios el alma sin remedio se puede secar y la vida se te hace un puré. Saludos y que nos pongamos esos 15 minutos como el tiempo mínimo en todo aspecto de la vida, sobre todo con Dios.

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