¿Qué hacer ante las dudas?


Post final del día. Con motivo de una pregunta hecha “por ahí”, que supongo que no son pocos los que la tienen entre manos. El ser humano, como buen ser humano, cree y duda. Esta afirmación es indudable, ¡curiosamente! Mientras nos manentemos “creyentes” las cosas parecen ir sobrerruedas, todo fácil y sencillo. Cuando aparecen dudas, todo se oscurece, enturbia y resulta difícil caminar.

Respondiendo brevemente, estimo que la duda puede significar un instante fundamental para todo. Es como un reclamo, quizá, para retomar algo que se ha mantenido con inercia, por hábitos, sin dejar que cale o llegue a su esplendor. Sería como una brillante ocasión, a pesar de la noche que conlleva, en la que decidir, obrar y optar. Por eso, lo primero que pediría ante la duda es sinceridad, y lo segundo paciencia para no cambiar de rumbo y dirección antes de lo debido. Como si de una niebla se tratara, que ha caído sobre el sendero, lo más prudente es ahora andar despacio, fijándose bien en los pasos, y no salirse de la ruta marcada. En caso de llegar a un cruce, con cuidado intentar leer los letreros; y si no fuera posible, reposar y parar. También la duda es ocasión para tomar fuerzas nuevas, o dejarse acompañar.

  1. Ante la duda, no amedrentarse, ni condenarse, ni condenar. Si ha nacido en ti, es porque eres capaz de ella. Por lo tanto, no venirse abajo despreciando todo lo anterior. En parte, la duda nos hace reconocer lo verdaderamente humano, y nos pide un punto más alto, de confianza y fe. En la duda no se permanece eternamente, y es lo que nos decimos a nosotros mismos en esta situación, que no estamos hechos para esto, sino para creer a corazón abierto. Pero necesitamos apoyarnos en algo, nuestra fe se puede mover, pero no por sí misma.
  2. Ante la duda, reconocer su origen. Aquí distingo entre “dudar” y “sospechar”. Llevo mucho tiempo haciendo esta diferencia. Entiendo que dudar nace de la persona, y le pide algo mejor. Sospechar tiene su origen en algo externo a su vida, a su historia y a su proceso, con intención de hacerle desistir y frenar en su avance. De esta aclaración dependen ulteriores pasos. Porque algunas preguntas deberíamos aprender a “torearlas” sin que nos den en el interior, o se cuelen por las rendijas del ser.
  3. Ante la duda, verdad. Ser sincero, sin querer manipular la pregunta, sin ponerle palabras que no corresponden, sin extralimiarlo ni infravalorarlo. Me resulta apasionante este punto, porque significa que la duda conduce a la luz de la verdad, y se ilumina con ella. Incluso cuando se trata de formular en alto una pregunta, con las palabras adecuadas, se hace luz en torno a ella.
  4. Ante la duda, ver la historia en su conjunto. La pregunta, por su fuerza sobre la vida, tiene la capacidad de centrar todo en torno a ella, y trastocar el resto de relaciones. Es como si de repente, en los azulejos de una pared o mosaico, te dieras cuenta de que uno está roto o que falta parte. No digo que no sea importante, pero sí que no se trata del único aspecto de tu vida. Una cuestión, un interrogante, una buena duda se debe colocar en el lugar que le corresponde. Y por lo tanto, aprender a ver la historia en su conjunto. Si se trata de algo puntual y pasajero, o de un itinerario marcado y definido. Por ejemplo, pienso que quien abraza la fe debería saber que llegará el tiempo de la prueba y de la noche, y se trata precisamente de una historia que crece, no al revés. De igual manera, quien ama debe incluir en la historia del amor la necesaria purificación de las primeras pasiones e ilusiones, para dar paso a una mayor entrega. O quien responde a una vocación profesional, personal o religiosa, de igual manera. La pregunta, dentro de una historia, no significa nunca un final.
  5. Ante la duda, buscar respuestas. ¿Crees que eres la única persona bajo la faz de la tierra que se ha cuestionado por algo? Te invitaría a investigar más bien lo contrario, con una gran humildad. Seguro que encuentras muchos, si no todos, que han pasado por una situación similar a la tuya. De hecho, partiría de lo contrario: “No soy el primero.” Dos cosas descubrirás: reconocer que hay quienes han aprovechado el momento, y quienes no lo han hecho; aceptar las más satisfactorias. La duda tiene un “periodo de vida”, como una ola a la que te subes o que permites que llegue a la orilla sin disfrutar su impulso.
  6. Ante la duda, hablar con alguien. ¿Con cualquiera? A mi modo de ver, claramente no. Desecharía todos aquellos que te van a dar respuestas fácilmente, que sabes que no lo van a comprender del todo o lo van a minimizar, e igualmente a quienes les va a quedar grande y se van a venir abajo con ella. Tampoco escogería a quienes te drián lo que quieres oír, o a personas a las que vas a implicar sin discrección por su parte. Las personas con las que yo, personalmente insisto, hablaría serían esa especie rara de expertos que no se anuncia en los periódicos, que pasea discretamente por la ciudad y sabe mucho, y con quien pueda tener una excelente relación y confianza. Sigo pensando que, quién sabe, la duda significa la oportunidad más sublime de conocer a alguien para toda la vida.
  7. Ante la duda, aguantar su peso. Hay preguntas que no tienen una respuesta clara y definida, que conviene soportar y llevar consigo.

Espero que con este post nadie comience a sospechar, ni quiera verse envuelto dentro de un mar de dudas, como si las dudas fueran oportunidades que poder propiciar y crear por uno mismo. Las dudas buenas nacen de la vida, y esperan una respuesta “con toda la vida”, en la teoría y en la práctica. En ocasiones sólo dispondrás de una respuesta teórica, que quizá no puedas cumplir con tu vida; somos débiles, y lo sabemos. En otras, será la vida la que marque el rumbo, y no tendrás del todo claro, con ideas y pensamientos, lo que está ocurriendo; también entiendo que esto es una forma de confianza y debilidad. Y otras, irá parejo el asunto, con toda la vida. No quisiera, bajo ningún aspecto, que cayeras en sospechas absurdas, ni sospechases de otros.

Te animo a vivir este tiempo como una gran oportunidad. Y en la medida de lo posible, intenta no darte al pensamiento fácil y único de los “muchos”, que tranquilizan su conciencia y su vida adormeciéndose sin riesgos.

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2 pensamientos en “¿Qué hacer ante las dudas?

  1. Pingback: Qué hacer ante las dudas | Preguntarse y buscar

  2. Realmente genial!!!bueno, para imprimir y subrayar…gracias por la luz que nos aportas, en verdad el Señor cuida de su criatura a trvés de los hermanos y de los medios más insospechados…ha sido rayo de esperanza para mí. Que Dios te siga bendiciendo. Belén.

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