Benediciencia, como cada jueves


Me agrada saber que he comenzado las clases un jueves. Si los viernes son para #FF, los jueves también tienen algo de especial, la #benedicencia. Seguramente conoces su contraria, la maledicencia, más que la primera. Se trata de darle la vuelta a la cultura de la crítica, el comentario fácil, la palabra hiriente, y transformar todo ese potencial humano en su opuesto diametral. El ejercicio de la bendición (hablar bien de alguien) enriquece a la persona, le da una consistencia diferente, educa la mirada, aporta una seriedad y responsabilidad que hasta el momento no tenía. Mientras que su antónimo, que sólo sabe decir mal, hablar con despotismo, tratar a los demás por debajo de sus posibilidades, rebajar la humanidad a chisme y sacarmo, no puede conducir en ningún caso a la felicidad. Recuerdo todavía que mi primer tweet bajo el hashtag de la benedicencia lo dediqué a una persona que acababa de conocer, en una situación en la que no me encuentro habitualmente, acompañado por dos personas a las que estimo mucho.

La vida, con sus rincones y pasillos y escaleras y ascensores y recovecos ofrece continuamente la oportunidad de bendecir. En ocasiones, también es cierto, lo fácil sería lo contrario; incluso sería más inmediato y directo. Pero en el esfuerzo primero por la palabra amable, la palabra que reconozca la bondad del otro, la palabra que saque del aislamiento el tesoro escondido de cada uno, la palabra que apueste y confíe en el otro se producen un cambio, una sonrisa y complicidad, una transformación que no podemos imaginar de otra manera. Hay gente, y no poca, que desea ser bendecida. Porque la bendición no se la puede otorgar uno a sí mismo. Y quiere ser bendecida porque tiene la sensación de que todo a su alrededor es condena, pesimismo y desastre, falta de vínculo y de relación humana. Llevo pocas horas entre mis alumnos y percibo, entre sus intervenciones y sus miradas, que han deseado que hablase bien de ellos. No puede ser de otro modo, ellos se saben personas y quieren ejercer como tales. Hay mucha gente que quiere, espera y aguarda esta bendición, aunque no le ponga este nombre.

Por lo tanto, como es jueves, aporto mi benedicencia enriquecida por la experiencia de esta semana:

  1. A quienes me han sabido perdonarme, porque lo necesitaba. Fruto de la imperfección, de las meteduras de pata, de la falta de amor y compromiso, de los descuidos e impertinencias. ¡Qué grandes son aquellos que ofrecen, además, un perdón mayor que el suyo! ¡Un perdón que no olvida, sino que recuerda, y recordando, sigue apostando por la unidad, la comunión, la fraternidad!
  2. A mis amigos, y los amigos de mis amigos. Como en Facebook, según parece. Nos hemos juntado en dos ocasiones en una semana, ¡genial! Con ellos aprendo lo que no sé, y escucho que no sé sobre cosas que creía que conocía. Han sido dos encuentros fabulosos. En los que me he encontrado como invitado. Dios reconoce a los que aman, los vuelve a hacer suyos. Mi presencia entre ellos, un tanto extraña en ocasiones por eso de tener un cura en su mesa, se convierte en una verdadera bendición. Hablamos de todo, y nos reímos. Sé que esta presencia marca.
  3. A los nuevos y viejos alumnos. Algunos repiten, también para ellos es la bendición. Los conozco, pueden con el curso, pero se dejan atrapar en ocasiones por redes de pereza y lo van dejando y dejando hasta no poder con el peso de todo. Quiero hablar muy bien de los que más dificultades tienen. Sin olvidar a aquellos que han sido ya regalados por Dios con una familia que les ha educado y se preocupa por ellos, y con inteligencias excepcionales.
  4. A mis compañeros, los profesores. En tiempos de crisis, además. Ayer mismo estuvimos de broma, riendo con humor y esperanza. No se dejan amedrentar fácilmente, ni contagiar por el pesimismo. Se saben llamados por el Señor a compartir la mies de los jóvenes, y sembrar en ella el Reino. Son especiales. Algunos fueron mis profesores cuando estudiaba aquí, y conocerles y aprender de ellos supone una riqueza incomparable.
  5. A quienes hacen planes con sus vidas, planes que saben a novedad y continuidad, planes arriesgados que proyectan un futuro nuevo. Los conozco valientes, decididos, libres, fuertes y grandes. Me sorprende que alguno no se vea así. ¡Es tan claro! Estar con ellos es épico, me carga las pilas. Con ellos comparto el impulso que el Espíritu ofrece a la humanidad en este mundo.
  6. A quienes se preparan para casarse en breve. Esta semana me he juntado con varios, he soñado un proyecto para ellos y lo he compartido, lo he podido decir libremente. A aquellos que se han acercado a la Iglesia con humildad, sin decir lo que se debe hacer o dejar de hacer, y han escuchado. A quienes se casarán este fin de semana, y al siguiente, y al otro.
  7. A quienes se preparan con su vida para la consagración religiosa. Dentro de una semana, el nuevo obispo de Getafe, si Dios quiere. Pero me hace especial ilusión los votos solemnes, la consagración definitiva, de dos de mis hermanos de comunidad, que formarán parte de la Orden para siempre. Para todos ellos pido la bendición del Señor. Al nuevo obispo, no lo conozco. A mis hermanos sí, y son muy queridos por Dios, sus vidas están llenas de servicio, de entrega, de fidelidad.
  8. A mi comunidad, que sabe confiar y es muy ordenada en sus tareas. Una bendición especial, y mucho, porque son mi familia nueva, el Reino prometido. He compartido muchos momentos durante esta semana en su compañía. Pero siempre me hace especial ilusión saber que celebramos juntos la Eucaristía, que compartimos la fe y la palabra, la misión y el esfuerzo en la misma dirección.
  9. Por último, a mis compañeros de los proyectos de internet. Este año me parece que va a estar lleno de red, lleno de comunión, lleno de evangelización y de Buena Noticia.

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2 pensamientos en “Benediciencia, como cada jueves

  1. Gracias por compartir vida, camino, esperanza, alegría, juventud, deseo de colaborar en la construcción de un mundo un poquito más humano.

    Gracias por dedicar tiempo y vida a la Palabra, que hoy también encuentra su medio de difusión a través de la red donde nos encontramos tan diversos, tan de lejos y a la vez tan cercanos a pesar de los muros que existen y son reales.

    En todo y en todos se puede apreciar la presencia invisible pero real de Dios Amor que se hizo carne…

    Gracias!!!

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