Homo homini “brasa” est


Antes de comenzar, traduzco con pericia: “El hombre es una brasa para el hombre.” La palabra “brasa” no tiene aquí relación a las ascuas, al rescoldo del fuego que calienta el hogar. Es una forma de denominar vulgar (es decir, corrientemente, en el lenguaje de la calle que todo el mundo entiende) a aquellas personas que en forma de lapa se te pegan y no dejan de hablar y hablar de sus historias, de sus cosas, de sus “fricadas” y “fricismos”. Lo que viene siendo un pelma, un cansino, un insoportable de la vida. Espero que se haya entendido la traducción. Y todo el mundo sepa por dónde voy.

Pues bien. Dicho lo cual, afirmo que es rotundamente falsa la frase. Primero, porque no es atribuible a todo el género humano. Como tampoco me parece adecuada la frase de Locke, a la cual he parafraseado. Las personas no entran, ni siquiera mayoritariamente, en el saco de los “cansinos”. Y segundo, que viene a ser lo más importante, porque cuando tienes el día “cansino y repetitivo” (o la temporada, según qué personas) no le das la paliza a cualquiera. Más bien, al contrario, estas personas eligen a quién solaparse durante una temporada. Lo cual, en lugar de horrorizarnos, en caso de ser nosotros aquellos a los que acuden, debería sorprendernos y admirarnos. No seré yo quien pida a los cansinos del mundo que vengan todos a mí, pero si alguno viene y hay que atenderle, ¡será bienvenido!

Por otro lado, comparto la preocupación de quien escucha repetidamente la misma canción, como en forma de bucle repetitivo del que parece que nunca se saldrá. Sin tomar decisiones, sin orientar, sin cambiar un ápice su existencia, haciéndose de rogar, cambiando de versión la historia, inventando excusas casi a diario. En ese sentido será bueno tener en cuenta algunas cosas como las siguientes:

  1. No permitir que la relación (familiar, de amistad, laboral…) gire en torno siempre a lo mismo. Hay personas que cumplen el perfil de cansino que sólo se saben manejar socialmente desde un rol aprendido que, según ellos, les funciona para mantener el contacto. Entonces, si hay un problema en su vida y han sido escuchados, tienden a mantener el problema para continuar con la relación. Toda relación personal sana se debe oxigenar y disfrutar de distintas, muy distintas situaciones.
  2. Necesitamos ser escuchados. Es un universal humano. Algunas veces somos más “cansinos” con un tema de lo normal, pero se encuadra dentro de las necesidades. Alguien que no es escuchado es potencialmente una persona infeliz, que se sentirá aislada, incomprendida y alejada de la realidad, sin vinculación con nadie. Cuanto más propio e íntimo es el asunto, como es lógico, más fuerte es la relación que se genera. A mí me gusta decir que, sin llegar a patologías raras, las personas dependemos las unas de las otras. Así que, si alguna vez te toca aguantar a una persona, al menos ten claro el siguiente principio: “Hoy por ti, mañana por mí.” Me resulta absurdo recurrir a algo tan egoísta. Creo más bien en la gratuidad de las acciones, y lo veo alrededor. Poca gente tiene en cuenta esto, aunque vaya a suceder -quizá no en reciprocidad- a lo largo de su vida.
  3. Eres un privilegiado si alguien te escoge para ser su “confidente”. Porque supone que alguien, con esfuerzo, te abre su historia y te deja pasar a un terreno que es sagrado. Al mismo tiempo, sé responsable. Cuando preguntamos a los jóvenes qué valores descubren en ellos, muchos dicen que “saben escuchar”, como reclamo en parte para que la gente de alrededor tome nota y le cuente “sus cosas”. Pero entre los adultos, cuando alguien no “les cuenta  sus cosas” se producen escenas de lo más fascinantes. Parecen retomar aquella tierna infancia en la que necesitan sentirse útiles e importantes. Y escuchar es una de las labores en las que las personas demuestran su más profunda humanidad. Dicho lo cual, escuchar no es nada fácil. Y aguantar la “chapa” de alguien desahogándose, si la cuestión es de calado e intensa, no tiene nada de divertido. Algunas veces te hace sentir “lleno”, pero la mayor parte de las veces enmudeces porque no sabes que decir, acoges y quieres porque son lo mejor que puedes dar.
  4. Es siempre una oportunidad para ser mejor persona. Para cultivar la paciencia, para conocer el mundo, para amar desde la gratuidad, para servir al otro, para querer de corazón. Escuchar forma parte de la esencia del ser humano, aunque se hace algunas veces más fácil “pasar de largo”, fruto del individualimos y del egoísmo. Conozco a alguien que me comenta que, pese al sufrimiento que le causa esta situación, no lo dejaría por nada de este mundo precisamente por esto. Incluso aquí, cuando te “dan la brasa”, no son pocos los que sienten que están recibiendo más de lo que están dando. Y eso que sólo escuchan, o pueden hacer poco más.
  5. Si quieres ayudar a alguien, cuando comienza el tema, el mejor lema podría ser: “Salir de aquí cuanto antes.” Como si hubiera un incencio en una casa, estuvieras con tu familia, a la que quieres, y tuvieses que idear el plan más rápido y mejor para escapar. Insisto, ¡cuánto antes, fuera! Lamentarse en el lugar mismo del incendio, llorar allí la pérdida, quedarse parado, sólo empeorará la situación. El primer tiempo es importantísimo. Hay que darlo todo. Si te toca entonces escuchar y escuchar, no te preocupes, ¡pero sal! Tiempo tendrás para lamentarte del incendio, y al mismo tiempo poder agradecer la vida que conservas, lo que has salvado y te has llevado. Por favor, ayuda a tomar decisiones, aunque parezcan arriesgadas, despeja ambientes y abre al mundo.
  6. Si, por el contrario, ha pasado más tiempo de lo debido y la cosa se empieza a enquistar un poco, anda con pies de plomo. Las heridas pueden haber profundizado, más que sanado, y contagiado la vida, el entusiasmo. Tendrás ciertamente la sensación de que, más que repetir, empeora y se complica. Si no eres experto en nada, sigue queriendo bien a la otra persona, y sé disponible para ella en lo que necesite. Si crees que parte del “enquistamiento” eres tú, entonces procura alejarte un poco, tomar distancia sin “perder relación”. Difícil equilibrio por un tiempo.
  7. Salir de los encasillamientos y los roles definidos. El rol es el ejercicio de un papel, atribuible a una persona. Insisto, independientemente del ámbito en el que te muevas, hay roles en forma de etiqueta que te perseguirán casi siempre. Por lo que conviene saber librarse adecuadamente de ellos. Incluso de los más profesionalizados. ¿Por qué? Para seguir sosteniendo nuestra personalidad, afirmando primeramente y ante todo que somos personas, y como tales, no estamos encerrados, somos un misterio insondable. Actúa según la cualificación más excelente que poseas, teniendo en cuenta que no hay título que supere al de “persona”.
  8. Por último, simplifica y haz sencillas las cosas. Porque lo de escuchar, parece que no, pero contagia. Sócrates ya avisaba de que no quería escuchar cualquier cosa. Porque sentía que empeoraba su vida. Por ahí circula, en internet, uno de esas fotos maravillosas porque llaman la atención sobre el criterio de lo útil, lo bueno y la verdad a la hora de escuchar algo. Si lo piensas, ¡de lo más egoísta! Pero ya que tienes que prestar oído y recibir, por caridad y por amor, no te compliques la vida, ni te lo apropies como tuyo, ni te deslumbres con los otros, ni te apabulles, ni nada de eso que signifique que “pierdes la cabeza”. Por eso, simplifica, reduce y tómate las cosas con distancia. En parte por eso, por la distancia y por la sencillez, es por lo que andamos  buscando -o quisiéramos hacerlo- a alguien a quien contarle la vida en más de una ocasión. Dicho de otro modo, no te quemes.

Este post comenzó como fruto de una conversación telefónica. No me estaban dando la brasa. La agradecí enormemente, como siempre. Pero en su fragor, me instaba a escribir algo con este título. Yo me reí, y lo apunté sin decir nada. Cuando empecé, página en blanco, sólo me salían ironías y “medio maldades”. Pero recordé cuánta necesidad hay en el mundo, cuánto hambre, de una conversación sincera y directa. Recapacité, y me di cuenta de que la persona que estaba acogiendo en su casa a esta otra persona amiga en horas bajas había sido elegida. En mi cabeza la elección no sólo es “mundana”, también es un don de Dios, que exige responsabilidad. Volví a pensar otra vez, y me alegré. Porque sé que la persona que escucha quiere mucho, sabe querer, y sabe estar. Y la que necesita ser escuchada es vulnerable, frágil y no sabe salir de donde está. Con esto, como podéis comprender, no puedo jugar. Es una bendición de Dios conocer personas que están dispuestas en lo cotidiano a querer de este modo, pese a la incomodidad, el sufrimiento y el cambio de sus planes. Ellos, en lo oculto y en lo anónimo, en el vecindario y en el trabajo, impiden que este mundo nuestro se colapse y prenda hasta la destrucción irremediablemente. Así que, ¡gracias!

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11 pensamientos en “Homo homini “brasa” est

  1. GRACIAS!! (con mayúsculas) voy a releerlo despacio, cuánto hay en estas palabras! (incluido el final, donde contás el proceso del escrito)
    Me hace pensar, me hace recordar, me hace agradecer, me hace rezar…

      • gracias a esa persona entonces! me resulta interesante el tejido que se puede ir haciendo con palabras e intenciones: algo en tono gracioso, genera un escrito que se va “convirtiendo” a sí mismo mientras su gestación, y llega a otros impactando de distintas maneras. Pienso muchas cosas más que parecen delirios ahora, así que mejor no escribo,,,jeje. Pero sí me apunto alguna cosa por si después se me ordenan las ideas

  2. Interesantísima reflexión, que da mucho qué pensar porque ¿a quién no le ha pasado que «le dan la lata» (como decimos acá en Chile) y uno se siente un poco agobiado? Cuando, en realidad, puede estar haciéndole muy bien a la otra persona y, de paso, puede hacernos bien, si sabemos llevarlo. 🙂

    ¡Gracias por este gran post!

  3. Pingback: Para quienes escuchan a los amigos que dan la brasa siempre con lo mismo | Preguntarse y buscar

  4. ¡Benditos sean los amigos capaces de ser agua que apague a “los brasas”!, benditos…porque son bálsamos para las quemaduras, refresco para la sed, abrazos en las horas bajas y tajantes en los intentos.

  5. No sabes cómo me he sentido identificada con muchas de las situaciones que describes en esta gran reflexión. y a la vez me ha dado mucho ánimo para seguir escuchando, pues a veces es cierto que cuesta y es difícil no complicarse la vida ….. Gracias.

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