Encontré verdaderos sabios


He tenido profesores que siempre recordaré. De los que aprendía incansablemente, y a los que escuchaba con verdadera pasión. Me hacían sentir tonto, pero muy muy tonto. Se me habría la boca en sus clases, no para bostezar sino de esas veces en las que de pequeño estabas absorto. Me dejaban anonadado las narraciones de historia, los relatos y cuentos. Yo creía que mis profesores, como todos los niños, eran los profesores que más sabían del mundo. Pero eso sí, ¡mis padres eran mi padres! Y mis padres eran los más listos de todos, porque eran quienes más me querían. Después me tocó crecer, y me di cuenta de que muchos sabían más bien poco, pero tenían la lección aprendida. Y a mis padres, por mucho que me quisieran, nunca les iban a conceder el Premio Nobel. Si se lo hubieran dado, yo encantado. Pero no iba a suceder.

Un paso más allá de la infancia, y casi sin darme cuenta, me hizo plantarme en la Universidad. Entre medias de la infancia y la universidad está un periodo amplio que pasa rápido donde mis amigos y yo éramos más sabios que todos los profesores, padres y adultos del mundo. Se pasa pronto, porque la vida te pone en tu sitio. Y, a lo que voy, en la Universidad recuperé el placer por escuchar a quienes sabían cantidad. Esta gente es de otra clase. Los profesores de universidad hablan en idiomas variopintos, dan charlas y conferencias por todo el mundo, tienen bibliotecas gigantes en sus casas con libros que sólo ellos reunirían. Cada uno de su campo, ¡eso sí! Entre esos profesores hay ratones de biblioteca, escritores memorables, ideólogos e innovadores. Gente muy curtida entre los conocimientos del mundo. Pero por entonces mis padres seguían siendo mis padres, y me querían mucho. Junto a ellos los amigos y otras personas a las que escuchaba con más devoción, y ante las que exponía mi vida, no los temas de los libros. De esas personas a las que, movidas por amor y unidas a ellas por amor, conservas en el corazón y no en la cabeza. En la Universidad descubrí que había un profesor que sabía tanto que sabía que citaba a otros la mayor parte de las veces. Y me encantó. Era humilde, acogedor, respetado por todos, incluso por aquellos a los que citaba, supongo. Y pensé un día para mis adentros que los sabios conocen muchos nombres y han leído muchos libros, y los verdaderos sabios saben citar y se refieren a muchas otras personas antes que ellas mismas, a quienes deben su sabiduría. Pero, al igual que los profesores sabios, quienes hablan por amor están, lo quieran o no, y muchos lo saben, citando a Dios mismo. De todos los sabios del mundo, elijo y quiero a estos últimos. Ellos muestran la Verdad del hombre, la Verdad de Dios. Los primeros discuten mucho, no se ponen de acuerdo, y entenderles resulta difícil. Los segundos, cuando hablan, abren el cielo y te adentran en grandes misterios, con más preguntas, eso sí, que respuestas.

(Tomado de “Ven y sígueme”, 5 de septiembre, mi blog de comentarios a la Palabra de cada día. Hoy la referencia está en 1Cor 3,18)

 

 

Anuncios

Un pensamiento en “Encontré verdaderos sabios

  1. Pingback: Encontré verdaderos sabios | Preguntarse y buscar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s