El día que conocí a Madre Teresa de Calcuta


Hoy celebramos su memoria. Hace quince años que dejó este mundo, aunque ahora que lo escribo me suena a demasiado. Nos hacemos eco profundo, agradecido, y festivo. No sólo en la Iglesia, sino todo el mundo.

Muchos todavía sabemos de ella, de su vida, seguíamos sus noticias, incluso se viajaba a Calcuta para mayor proximidad, para colaborar en sus casas de acogida para los más pobres y solos de la India. De hecho, creo que desde siempre he asociado Calcuta con Madre Teresa, y espero no ser el único. Pero cuando hablo en la escuela y entre los jóvenes, ya no la tienen presente. Nos hemos olvidado, no sé bien por qué ni a quién le resulta incómodo su recuerdo. Junto a ella, el siglo XX, como todos los siglos, han estado plagados de personas que consideramos “personajes”, “vidas célebres”, “adelantos de una humanidad plena”. Tengo miedo de que olvidemos a los buenos, y mantengamos sólo el recuerdo de los malos.

Aquella mujer pequeña vestida con la ropa tradicional de la India, natural de Albania, de mirada reservada e intensa, rodeada siempre de gente a quien servir. Las imágenes que conservo de ella son casi de una anciana encorbada, con múltiples arrugas en la frente, y activa entre las camas del hogar del moribundo. Curando heridas, cargando con los niños, saludando amablemente a todos. Mujer que respiraba a Dios por los cuatro costados. No tenía tiempo para grandes discursos, por lo que sus palabras se condensaban. Sin excesivas teorías, excesivamente práctico, llegando al alma. Aunque hablase a toda la humanidad se puede decir que llegaba a cada uno. Escuchar su historia era todo un privilegio. Qué testimonio vocacional, qué fidelidad al Espíritu. Aquella mujer cautivaba por su radicalidad y total entrega. Era un ejemplo vivo, palpable. Santidad encarnada, sin hacerse más que nadie. Humildad, sencillez, cercanía. Nadie sobraba a su lado. Todas las manos resultaban insuficientes. Un corazón gigante donde todos tenían un lugar, con preferencia para los últimos. Siempre buscando querer más que ser querida, refugiándose en el silencio y la oración, huyendo de las cámaras. Su casa, un rincón pobre, un hogar para el Reino. Jesucristo siempre presente y recordado, en cada esquina, en cada persona, en cada detalle y gesto. ¡Qué privilegio haber conocido a Madre Teresa! ¡Qué privilegio poder recordar, hacer memoria, saber y creer que es posible!

Ojalá no olvidemos. Sería triste su memoria, aunque no invalida su legado. Universal, para todos, por todos, sin resquicios a la división. Continúa actuando. Su ropa, en sus monjas. Sus pobres, siempre estarán con nosotros. Encontró su lugar, respondió a su vocación por entero. Este totalmente significa en toda su vida, también en todo espacio y tiempo. Por eso llega hasta ahora.

Había oído hablar de Madre Teresa en la televisión y en mi casa. Mis padres no ahorraban alagos. ¡Qué mujer! Mi tía me regaló un pequeño libro con su firma unas Navidades. Incendiario, apasionante, plagado de más amor que indignación, con la esperanza propia de quien sabe que lo está dando todo sin reservas e incondicionalmente, sin esperar nada a cambio de aquellos a quienes amaba. Deseé lo mejor, lo más grande en cada página. También yo quería que Dios me llamara para algo así; tiempo después he comprobado que se había hecho realidad esta deseo, que Dios sueña así a todo hombre, mujer, niño y anciano. Leerla resultaba impactante. Las palabras grandes no se hacían pesadas, sino posibles. Aquella mujer estaba viva, dando vida en medio de la muerte y del sufrimiento, como fermento en medio de la humanidad, en una pequeña casa de un pequeño rincón del mundo. Recuerdo que pensé entonces que cambiar el mundo era posible, lo compartí con uno de mis profesores en clase, y mi maestro se rió de mí llamándome ingenuo. ¡Qué pena de adulto! Madre Teresa creció e hizo posible, sin plegarse al orden establecido, sólo encorvándose ante los que amaba.

Lo dicho, conocí a Madre Teresa a través de un pequeño libro, que ojalá hoy conservase y pudiera regalárselo a alguien. Me lo regaló mi madrina de bautismo. Una monja pequeña, de aspecto parecido al suyo. También seria y alegre al tiempo, profunda y cercana. Amable con su ahijado, pendiente de mi fe. Me lo regaló por Navidad, y ese mismo día comencé a leerlo. Por lo que creo que conocí a Madre Teresa el día de Navidad, 25 de diciembre. Yo tenía 16 años. Un año después Madre Teresa pasó al cielo. Es todo el trato que pude tener con ella, y no caerá en el olvido. Si hubiera ido a Calcuta os podría contar más. Todavía quedan testigos directos. Tengo el privilegio de conocer a dos, cuyas vidas cambiaron.

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4 pensamientos en “El día que conocí a Madre Teresa de Calcuta

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  2. La Madre Teresa siempre me impactó con su trabajo. Igual con libros en los que se contaba la labor de ella en la India y en tantos lugares. Me parece increíble que la gente la esté olvidando. Recordaba al leer tu entrada que ella vivió en una ‘noche oscura’ como la de San Juan de la Cruz y sin embargo confió en la mano de Dios en su vida y siguió confiando. Es tan grande la espiritualidad de esta gran mujer y de su ministerio que cada vez que sé algo de ella por su obra, me asombro de cómo logró en medio de los mas necesitados y despreciados mostrarles a ellos y al mundo a un Dios que está vivo y siempre para todos a pesar de ser los marginados, los que nadie quería. Madre Teresa espero que siempre vivas entre nosotros y reza por nosotros.

  3. si yo tuviera ahora veinte años me iria con ella o con las hermanas de la cruz me hubiera gustado mucho conocerla pero la quiero tanto como si la hubiera conocido y la asocio con mi madre que murio hace 4 años y le llamaban Julita de calcuta ella mi madre casada madre de quince hijos y con unas cualidades muy parecidas a Madre Teresa por eso quiero mucho a Teresa de Calcuta vi alguna película de ella y me gustan mucho sus oraciones me identifico mucho con su vida nunca la olvidare la tengo en fotos por toda la casa y sobre todo la llevo en mi corazón siempre a ella y a mi madre. Me ha encantado lo que has escrito sobre ella lo volvere a leer más de una vez porque es mi santa preferida junto a mi madre y mi santo ,san jose de calasanz, chinchachoma, alejandro g. duran escolapios y fray escoba martin de porres bueno y francisco de asis y muchos más. Me encantan tantos santos me ha encantado leer la vida de ellos a muchos niños de colegio escolapio de granada almeria en escuela publica y en lebrija sevilla colegios publicos y en catequesis en sevilla cerro del aguila y carretera de su eminencia viviendo en comunidad escolapios seglares con Enrique Iniesta en granada y en almeria san isidro de nijar alli era una verdadera misión hace 20 años y en lebrija sevilla el cuervo en todas partes le contaba a los niños quien era madre teresa y les ponia diapositivas o algun montaje de ella a quien mas le rezo es a ella y a juan pablo II y estoy segura que los dos estan ayudandonos me encanta rezar el rosario con un cd de juan pablo IIcon su voz lo quiero tanto como a madre teresa

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