Mide tus fuerzas


Si crees que puedes con todo, a lo mejor estás en lo cierto. ¡Eres un crack! Si crees que no es así, aunque alguna de las tareas que tengas que dejar te guste o sea relativamente urgente, ¡anda con cuiado! Comprometerse a mucho puede ser no llegar a nada, o hacerlo todo mal, y de paso gastarse absurdamente por el camino.

No hablo sólo de planes y proyectos. Lo primero que hay que aprender a llevar es a uno mismo, con nuestras cosas e historias. Es nuestra responsabilidad máxima. Después, todo aquello que configura nuestra vida, como la gente que tenemos cerca, en la familia, los lazos de la historia. Aquí conviene dejar márgenes importantes, por lo que pueda pasar. Y por último, el trabajo, las tareas, los voluntariados, los compromisos que adquiramos. Un cúmulo de elementos enorme, en los que entran aspectos de lo más variado. Sin los primeros dos puntos, todo lo demás no tiene sentido. Pero añado una observación más, de lo más importante: todo va cargando sobre lo primero, sobre uno mismo. Hay cosas que se pueden “llevar” con más alegría, con más objetvidad, con más distancia, pero otras inciden directamente sobre la persona, se clavan en ella, la construyen y dan estabilidad o inestabilidad, confianza o desconfianza. No hay nada que la persona haga que tenga una dimensión personal y que, tarde o temprano, no se revele un apoyo, un esfuerzo, un sacrificio o una motivación. De donde conviene, por lo tanto, que debemos tomar en serio esto de “medir nuestras fuerzas”. Quizá para descubrir, no en vano, que somos capaces de más de lo que creíamos e incluso de lo que decían de nosotros. Y por lo tanto, que hay que aprovechar oportunidades y saber lanzarse con decisión.

El caso es que medir las propias fuerzas no tiene nada de sencillo. Por lo que sea no venimos al mundo con una tarjeta que nos describa, como ocurre en las cartas de rol. Tampoco disponemos de tanta estabilidad como para ajustar nuestras fuerzas una vez en la vida. Somos un enigma, pero por si esto fuera poco, también es enigmático lo que pasará. Por si no fuera suficiente ser un misterio, mirar hacia adelante significa hacerse multitud de preguntas nada desdeñables. Pero hay que resolver. Bien por vía de la prudencia y de la frialdad calculadora que todo lo quiere controlar (siendo incapaz de ello, pero al menos no jugárselo todo), o bien arriesgar y lanzarle un reto a la existencia (en cuyo caso conviene calcular, al menos algo, para no darse una bofetada con el mundo). Una de las dos opciones: prudencia o riesgo.

Tres claves para afrontar esta tarea. Que además recomiendo que no se hagan solo, sino que se puedan hablar con tranquilidad y paciencia con una persona conocida y con criterio. Cuanto mejor sea este diálogo, más fácil será todo lo siguiente. Vaya por delante este diálogo incluso.

  1. Revisa la memoria del año anterior y cómo te fue. Si no dejaste nada escrito es el momento de decir que fuiste un tanto descuidado en tu trabajo. Todavía estás a tiempo de solucionarlo. No se hace una buena memoria en un par de minutos, ni se lee en tres segundos. Hacer memoria significa ponerse a revisar, tener experiencia acumulada, haber contrastado información y proyectos. Puedes haber gastado esfuerzos y pasado sufrimientos en valde, o te puedes haber quedado corto. Todo eso se escribe en la memoria. Y ahora, al comenzar, conviene mirar atrás. Si haces lo mismo de siempre, te recuerdo que conseguirás siempre lo mismo. ¿Cambiar por cambiar? Cosa de tontos.
  2. ¿Cómo estás? Esta pregunta me parece fundamental. Las fuerzas y el estado de ánimo van directamente relacionadas. Se desgasta más y a mayor velocidad quien está peor. Y a la inversa, con fuerzas y entusiasmo, aunque aparece el normal cansancio no hay tanto desgaste emocional y personal. Esta pregunta es por tanto radical, no ofrece dudas y debe ser respondida con absoluta sinceridad. Entonces, ¿todo es el estado de ánimo? Tampoco es eso. Mejor dicho, no puede serlo. Abandonar antes de empezar por estar “mal” es cavar la propia tumba, y ser prudentes en los tiempos en los que mejor estamos puede verse a la larga como una pérdida de oportunidades. Lo que digo es que este punto de partida se torna esencial para valorar las propias fuerzas, y diseñar la estrategia de “entrega de uno mismo”. Cualquier tarea, por pequeña que sea, conlleva un coste, también unos beneficios. ¿Mercantilismo? Espero que nadie lo entienda así.
  3. No agotar las fuerzas en uno mismo. La fortaleza de una persona se mide también por las alianzas y habilidades de las que podemos disponer. Por ejemplo, el primo de Zumosol, disponer de un buen lugar de descanso, ser ordenado y claro en las tareas, si estarás solo o no. En este punto, considerar las propias fuerzas es “hacer recuento” sincero de personas y del entorno en el que nos movemos. Ya sabes que la guerra del Vietnam se perdió por la inadaptabilidad de las tropas a la selva donde se libraba la guerra, y fueron masacrados. Aquí conviene hacer una buena elección, por principio. No quedarse con todo lo que tienes, para que no estorbe o para que no agobie. Limpia, tira, coloca y recoloca. Piensa en tu “campo de batalla” para que las cosas vengan en tu ayuda y no al revés. E igualmente, aunque con mayor dificultad, con las personas de tu entorno. No son seleccionables habitualmente, serán las que serán, estarán ahí lo que quieras o no. Algunos serán de gran ayuda, te servirán de respaldo y te darán confianza, reforzarán tus éxitos y logros, estarán para cuando los necesites y aliviarán cargas. Otros, lo siento, puede que todo lo contrario, incluso cuando soplen vientos favorables. Tener clara esta pequeña distinción te ayudará incluso a amar más (para mí, el objetivo final de toda vida) y mejor, a situar lo que dicen y cómo lo dicen en el lugar que corresponde. A las personas no las puedes “ordenar en estanterías o clasificar en encuadernadores”, pero sí sus aportaciones, palabras, sentimientos. ¡Todo un ejercicio! Y por último, saber los valores que fortalecen y construyen tu vida por dentro. También serán de apoyo, de exigencia, de sostén en muchos momentos. Quien no posee un armazón personal fuerte está a merced de los vientos del norte, del sur y de los costados, bailando con la primera ventisca que llegue.

En cualquier caso, este ajuste se debe hacer sobre la marcha. En principio, yo recomendaría prudencia. Nadie se come el mundo de un bocado, ni siquiera jugando al Risk. Y suele ser más gratificante “ir a más” que “venir a menos”. Cuando alguien empieza con mucho y se propone una maniobra de retirada puede perder puntos estratégicos. Sin embargo, quien crece moderadamente, y va afianzando puntos, se suele encontrar progresivamente con una experiencia y con una sensación personal que es más motivadora y que da mayor confianza.

PD. Una invitación final. ¡Confía! ¡Toda persona es grande! No conozco a nadie tan pequeño que no pueda decir que es fuerte en algo. Algunas veces con falta de “estrategia personal”, y con poco “entrenamiento” o mal ejercitada. Pero nadie es pequeña. Es más, te invitaría a dejarte sorprender incluso por ti mismo. Ahora que comienza el curso, ¡sé valiente!

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