Las musas y nuestros tiempos


Las musas inspiran. Cualquier persona lo sabe, aunque sea un jaleo explicarlo. Sin ser un poeta de renombre es capaz de escribir los versos más sublimes, por amor. Y sin parecerse en nada a Homero o Cervantes, imagina personajes con su propio rostro que se adentran en batallas sin temor ni cobardía. Cuando las musas inspiran, todo es fácil, y no hay página que soporte su color blanco durante mucho tiempo. Sin embargo, en su ausencia, las letras parecen manchas en el papel y no hay agilidad en las palabras. Escribir (sujeto de la oración) es doloroso.  Sin musas el espíritu yace impasible, carente de movimiento, inerte y pesado.

Los griegos descubrieron nueve musas, con sus nombres. Y las consideraron divinas porque elevaban el espíritu y el arte a lo sublime. Los hombres poseídos por ellas dejaban a su paso obras de enorme calidad e ingenio. Pero no creo en esas nueve musas, aunque también sepa sus nombres. Sí en la inspiración, no en las musas. Los griegos, que corriendo detrás de ellas les dedicaron versos y oraciones preciosas, lanzaban palabras al aire esperando ser escuchados y atendidos. Pero las musas no existen, y no podían entonces escuchar su clamor y sentir su necesidad. Lo que sí considero de gran acierto, en esta línea, es la proclamación solemne y religiosa de la insuficiencia, la precariedad y la vulnerabilidad humanas. Que en tanto que humanas son susceptibles de verse con hermosura y de alabarse con gratitud de corazón. Las musas no existen, pero los hombres sí, las mujeres también, y estos dejan a su paso multitud de pequeños detalles, gestos, historias, libros y músicas que son fuente de inspiración cuando se nutren de algo más que de ellas mismas. Lo humano, y sus carencias, no dejará jamás de resultarme atractivo y fascinante.

Dado que en breve comienza todo a girar en la rueda de la fortuna cotidiana, urge retomar la inspiración. Un proyecto inspirado no deja de ser papel, pero papel penetrante. Una canción inspirada no deja de ser música, pero música que sobrecoge. Un poema, una palabra o una oración inspirada no dejan de ser lo que son, siendo hechuras humanas, pero portan algo que no les corresponde y abraza lo infinito. Un amigo no deja de ser un amigo, una persona no deja de ser una persona, pero cuando está inspirada habla y sonríe como los ángeles.

Cuando necesito inspiración no huyo a ningún lugar. No tiene sentido ponerse a buscar sin saber qué se busca. La inspiración es debida, se recibe. Llega a los pacientes, que saben esperar sin desesperarse, y atiende a quienes están despiertos o dormidos con el corazón vigilante. En mi caso, cuando busco inspiración, más que alejarme para explorar nuevos terrenos, procuro regresar a lo que ya tengo y comenzar de nuevo en el punto en el que me distancié. Vivo en un mundo que se construye gracias al Espíritu, fuente de toda inspiración, y creyendo de ese modo que lo sublime está en lo sencillo y en lo repetido muchas veces, alejarme sería perderlo todo para no ganar nada.

De hecho, antes de empezar el curso nuevo, voy a hacer una pequeña lista de las “fuentes de mi inspiración”, a modo de mapa para no perderme y saber retomar el sentido de las cosas. En esa pequeña lista incluiré, como no puede ser de otro modo, a unos cuantos amigos a los que poder llamar para pedirles que me hablen de su vida. Tengo amigos con vidas dignas de los mejores libros de arte. También pondré en este guión que no debo correr por los pasillos ni entrar en clase sin preguntar a mis alumnos qué tal están. Mejor aún, escuchar a los niños y a los jóvenes cuando hablen con palabras grandes de la magna existencia que compartimos, con su libertad, con el amor, con el sufrimiento, con la justicia. En la lista procuraré que se incluya, de las primeras incluso, apagar la televisión y no hacer caso de quienes se quejan de todo. Ya sé que no es una fuente de inspiración, pero hacerlo seguro que ayudará a estar apacible y tranquilo. Por último, no puedo olvidarme de unos cuantos libros y páginas memorables de la música, junto a un par de películas que dan vigor al espíritu, haciéndolo capaz de (soñar) casi todo. Al final de la lista, humildemente, escribiré un apartado reservado a escucharse a uno mismo y ser sincero con lo que se mueve dentro de mí. El Espíritu está más cerca de lo que pensamos, y su rectitud no deja lugar a dudas. Quien es dócil a su voz no se queda sin palabras.

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Un pensamiento en “Las musas y nuestros tiempos

  1. de un modo más simple, ayer pensaba en algo de esto, en las personas, en lo cotidiano que inspira no solo lo que uno escribe sino también lo que va viviendo. Empecé a hacer mi listita de nombres, y la iba a anexar a mi ultima entrada de blog; pero para no cerrar la lista fui dejando mensajes personalizados agradeciendo lo que para mí también es fuente de inspiración…”mus@s con nombre y apellido” a quienes les debo muchas veces la luz que siembran por ahí en forma de canto, letras, fotos…
    Me gusta mucho esta entrada, para seguir rumiando un poco, y agradecer también por los dones que se comparten, por los caminos que se cruzan, por la vida de tantos que nos iluminan de diferentes formas, y también por los propios dones. Aprender a ser capaces de reconocerlos en uno, no para creerse nada especial, sino para ser conscientes de lo que se nos ha dado para compartir y poner en común.
    Muy bella y refrescante entrada! Lindo fin de semana!

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