Negociando – Miniideas


Llegó el tiempo de la negociación, que es la negación del tiempo libre, como su propio nombre indica. En las negociaciones se producen tiras y aflojas, dimes y diretes. Alguien tiene que ceder, por interés, cuando no tienen que ceder todas las partes sean cuantas sean. ¿Qué me ofreces? ¿De cuánto tiempo dispones? ¿En qué puedes colaborar? ¿Qué me das a cambio? ¿Te ofrezco esto si además me das aquello? ¿Cuándo estará terminado? Y más preguntas, todas ellas muy interesantes, muy comprometedoras, afiladas en todos los sentidos. Tengo amigos y personas cercanas que son especialistas en negociaciones. Unos porque terminan aburriéndote hasta que consiguen lo que se proponen (insistentes), otros porque dan por supuesto que les has dicho que sí aunque sólo hayas dicho quizá (persistentes), y otros porque te señalan lo que debes hacer por ser lo mejor para ti (asistentes). Sea como fuere, adiós tiempo libre, adiós ocio. Llegó la negociación.

Siendo así, he navegado esta mañana por la web buscando información sobre cómo negociar bien. Y ha resultado de lo más iluminador. En el fondo se trata de colocarte estratégicamente en una posición de superioridad (mostrar un convencimiento flexible, conocer la otra parte, mostrar el interés y el beneficio común, establecer alianzas previas y buenos informes que te avalen), manejar un vocabulario definido en el que se enmarquen las propuestas con el claro objetivo de “salirte con la tuya”. Una excelente negociación es aquella en la que vences.

Vamos a darle la vuelta al asunto. Imaginemos una negociación en la que dos personas se sienten procurando el bien del otro, llevar a cabo sus planes, mostrar disponibilidad y confianza suficiente como para construir juntos un proyecto. Y hacerlo no en apariencia, sino de corazón, sin remilgos ni reticencias. Es más, imaginemos que diez personas forman equipo movidos de esta manera, colaborando por lo mismo y con enorme docilidad y sencillez, preguntando para mejorar, cuestionando para encontrar soluciones, pensando para conseguir la estrategia mejor y el mayor bien para muchos. Y que lo hacen además, ¡sé que estoy soñando!, sin querer llevarse nada más que lo que les corresponde en justicia, y que establecen criterios además de justicia y bien social. Imaginemos, porque estoy soñando algo diferente a lo que suele verse por ahí, que el jefe es un jefe de los buenos, de los que se preocupan por sus trabajadores, de los que saben escuchar y deciden en común, de los que son fieles a lo prometido, de los que entienden los errores, de los que tienen experiencia y la aportan, de los que enseñan cómo hacer… ¡El paraíso! ¡Es posible!

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