Quisiera, pero no puedo – Miniidea


Suena a excusa barata. De las que nadie se cree. Puede que lo hayamos escuchado tantas veces con banalidad que incluso puede haber perdido su sentido profundo en unos labios sinceros. Porque la debilidad y la impotencia atenazan en múltiples ocasiones a las personas a lo largo de su historia. ¡Tantas cosas quisiéramos, y tan grandes, tan importantes, tan maravillosas! ¡Cómo no nos vamos a topar en más de una ocasión con la debilidad y la radical incapacidad humana para alcanzar todo lo que desea y a lo que aspira! ¡Cómo no impacientarse! ¡Cómo no!

Pero no sólo en lo grande y en lo heroico, en lo que requiere de grandes cualidades, dones y opciones, en los momentos de la vida que exigen todo. No sólo en esos momentos. También sentimos la debilidad en lo pequeño. Cuando no se puede, verdaderamente, vivir de otro modo. O cuando no se sabe. O cuando -qué sé yo por qué motivos- nos percatamos de nuestras carencias con esa conciencia práctica y diáfana que nos dice que no estamos a la altura de las circunstancias, a la altura de un sencillo momento. ¡Qué debilidad más grande nos entra!

Ojalá hubiera bastones para todo. Aunque en más de una ocasión la única posibilidad que se ofrece es la de sentarse, parar, dejarse querer, perdonar y recibir.

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