Leer “Las obras del amor”


Me he pasado cinco días dialogando Søren Kierkegaard mientras leía este libro, escrito en 1847. Sin discutir, sin enfrentarme. Sintiendo su misma preocupación y admiración, aprendiendo valientemente de un espíritu común que nos configura a ambos, viviendo queriendo encontrar dicha tal alta. Sus palabras llegan como imágenes plásticas que describen el misterio revelado en el Amor Absoluto; no detrás de él, sino en él a través de sus huellas, sus obras. Lo subrayé, lo anoté al margen queriendo devolver la palabra recibida. En las páginas blancas al final de los capítulos continué escribiendo. Y finalmente lo regalé a unos amigos y ahora está en su estantería. No quería que quedase en la mía mirándome como un pasmarote. Este libro debe tener vida propia, seguir dialogando con otros. Ahora ha vuelto a mí. No el mismo libro. Éste está sin subrayar, sin guiaburros, perfectamente respetado. Me dan ganas de volver a leerlo del mismo modo que hace cinco años estuve cinco días en su compañía.

Nadie debería tener miedo a un libro con este título. ¿Por qué temer aquello que buscamos? Y mucho menos creer que no va a entender nada. Más bien al contrario, estimo que se puede comprender demasiado. Si hay que sentir pavor por algo, que sea por esto último. Porque hablando continuamente del amor, nada tiene de meloso, superficial o vago, ni vulgar, chabacano o rudo. Los adjetivos que acompañan el amor en este libro, y sus obras, porque obras son amores, hablan de entrega, de sacrificio, de pasión, de cercanía, de esperanza. El amor es eterno, concierne a lo definitivo. Y para que todos lo tengan claro desde el inicio, comienza de forma inexplicable tratando del mandato del amor: “Tú amarás al prójimo.” Recibido el mandato, queda como asunto de conciencia para cada uno en particular. Chocando continuamente, eso sí, el amor a uno mismo y el amor por el otro, el vivirse y el desvivirse. El amor -espero que lo comprendáis- no puede quedarse encerrado en sí mismo, ni buscarse a sí mismo, ni encerrarse en sí mismo, ni girar en torno a sí mismo.

La segunda parte del libro, que en su momento fue un segundo volumen aunque ahora están publicados como uno único, no se amedrenta y sigue subiendo el listón. Habla de lo mismo, sigue entusiasmando. Amor combinado y que guía hacia la esperanza, hacia la fe, hacia Dios.

Os dejo, y voy a subrayarlo una vez más. Acabo de decidir que vuelvo a su diálogo. Y os invito a lo mismo.

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