Ver “La soga”


Ya en 1948 se hacían películas verdaderamente estupendas. Tendríamos que aprender de la sencillez de un escenario sin efectos especiales ni comienzos de vértigo en aviones. Y aceptar humildemente la lección de la trama maestra, al filo de lo ambiguo, con palabras que nos traen una y otra vez infinidad de finales posibles. El discurso final, las palabras del viejo profesor atento a todos los detalles, que causa emoción en sus alumnos y despierta las luces y sombras que llevan dentro, tiene algo magistral que sólo podrá entender aquel que ha empezado a pensar en serio y a necesitar de las palabras para expresarse y dialogar.

La película nace con una angustiosa escena. No te la revelo, pero no te la pierdas. Ya desde el primer momento se perfila en los rostros de sus dos protagonistas las dos grandes personalidades del crimen y del mal. El uno está presa del otro, se dependen mutuamente y necesitan. El uno utiliza la seguridad del segundo, y el segundo quiere ser visto por alguien y así utiliza al primero. Tristemente se desviven, y montan una fiesta cargada de falsedad que nunca llegará a ser tal ni a cumplir sus sueños. El crimen perfecto no existe.

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