Piedrecita en el zapato – Miniidea


Hay personas con las que hablar y sufrir viene a ser casi exactamente lo mismo. Porque todo son penurias, limitaciones, incomodidades, pesimismos, quejosas y lastimeras lamentaciones sobre los demás, su otro yo y sus propias vidas. Circunstancias injustas, luchas imposibles. Conversaciones, como digo, que te suelen dejar más seco que un día de travesía por el desierto en verano. Sin embargo, cuando terminas con ellos, y te pones a buscar fuerzas y refrescarte en otros ambientes, suele suceder que te topas con alguien que sufre mucho más, que sufre de verdad. La conversación con él, sin embargo, suele ser edificante y constructiva. Asombra lo que suelen vivir estas segundas, y su deseo de no incrementar el mal del mundo con sus padecimientos. Primeros y segundos despiertan compasión, por motivos bien diferentes. Unos y otros esperan ser queridos, encontrar consuelo y sufrimientos. Y los que sólo saben escuchar y atender a unos puede que no amen de verdad a ninguno de ellos.

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Un pensamiento en “Piedrecita en el zapato – Miniidea

  1. Ambas personas nos ayudan a crecer en nuestra capacidad de amar. Creo que cuando ayudamos a esas personas, al final sembramos para nosotros. Puede parecer egoista, sin embargo, cuando el amor está de por medio termina siendo un fruto para todos. El desgaste es parte y nos enseña mucho para seguir en la ruta.

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