Preparar la mochila, tarea altamente ilustrativa


Mi madre me enseñó a colocar los libros del colegio por orden. Cuando usaba cuadernos pequeños, primero los textos y después los libros. En el hueco que dejan en la mochila, colocaba el estuche. Nunca me gustó cómo quedaba. Así que pronto lo deseché, quedándome con un par de bolígrafos, el lápiz y la goma, el subrayador y poco más, guardado todo en el apartado pequeño que suelen tener las mochilas. Cuando pasé a tener cuadernos grandes, el orden se invertía. Primero los cuadernos, luego los libros. Con un matiz, que no he dicho antes: libros y cuadernos enfrentados de modo que las anillas de cuaderno y lomos de libros no se molestasen ni agolpasen entre sí. Todo esto resulta altamente práctico.

La mochila se convierte en un símbolo del mundo que portamos con nosotros. ¿Qué llevar y qué dejar? Siempre atentos a un día que consideramos que se comporta respondiendo al horario que nosotros mismos hemos establecido con ayuda de nuestros profesores y maestros. Todo perfectamente ordenado, en sucesión. Ahora me sirve esto, luego lo otro. Lo que hay en la mochila, mientras sea verdaderamente útil, no importa que vaya a ser cargado a pesar de su peso. Otras cosas, si te dejan la sensación de que podrían perfectamente haber cuadrado con algún imprevisto posible, tampoco supone más peso del normal. Estaban ahí, en función de lo posible. Y otras da rabia haber caído en la estupidez de haberlas llevado, porque han hecho más daño del necesario a la espalda, las rodillas, los tobillos. Ajustarse más hubiera facilitado mucho, pero se nos va la imaginación y confiamos en ella más incluso que en el testimonio de amigos y experimentados viandantes de la existencia.

La mochila, repito, en su realidad se torna puro símbolo de lo necesario frente a lo innecesario, de lo guardable frente a lo inabarcable, de lo que pesa frente a lo pesado. Ante la mochila, surgen también muchas preguntas. Todo resuena en forma de interrogante últimamente. ¿Qué necesito estrictamente? ¿Qué vendrá bien? ¿Qué me ayudará? ¿Con cuánto puedo cargar? ¿Por qué puedo dejar tanto? ¿Seré más feliz con menos? ¿Qué echaré de menos y por qué? ¿Qué me reportará el desprendimiento? ¿Podré cargar con cosas de otros? ¿Cómo era posible que en otros tiempos fuesen sin nada prácticamente? ¿Me encontraré desvalido? ¿Qué pintan las cosas en mi vida? ¿Qué haré con lo nuevo que encuentre? ¿Con qué volveré y qué habré dejado por el Camino?

De verdad, todos dicen que cuantas menos cosas mejor, y sin embargo, antes incluso de comenzar el Camino ya tengo dos maravillosas experiencias. Y una intención para cada día de la semana. Bueno, más que una intención, tengo que decir que llevo conmigo una persona para cada día de la semana por quien ofrecer el esfuerzo, el Camino, a quien dedicar ese día la oración, la reflexión, el silencio, el pensamiento y el corazón.

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4 pensamientos en “Preparar la mochila, tarea altamente ilustrativa

  1. Es verdad lo que dices y lo comparo con la vida. A veces llevamos dentro cosas que no necesitamos y que no deberiámos de llevar y esto nos impide llevar las indispensables. Hay que revisar el interior de nuestra “mochila”. Gracias por tu reflexión.

  2. Puffff, … he visto el artículo, y ¡menudas ganas de Camino de Santiago que me han entrado! Ya he hecho la peregrinación, pero tengo un montón de ganas de ir con mi mujer, y con mi hijo (que está recién nacido, así que habrá que esperar).

    Siempre he pensado que el Camino de Santiago no empieza con el primer paso. Empieza antes, con la preparación, y no sólo de la mochila, sino interiormente. Me refiero con esto último a las ganas, a la alegría, la ilusión, a esos nervios de comienzo, que aunque parezcan todos ellos muy humanos, los considero espirituales.

    Lo del qué llevar en la mochila, … no sólo es qué llevar, sino aprender a caminar con lo que uno considera necesario, ya sea mucho o poco. Creo que es un auténtico ejercicio de austeridad (no como se entiende ahora con la crisis, claro), en el que el esfuerzo produce alegría y paz.

    No sé cuándo saldrás, pronto o si aún tardarás, pero ya te lo digo: ¡Buen Camino, peregrino! ¡Ultreia!

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