¿Qué ocurre cuando eres sincero contigo mismo?


De nuevo, un misterioso email al finalizar el día. Venido de cerca, muy cerca. Con un mensaje sorprendente. Parece que alguien más ha pasado a engrosar el número de los que son capaces de ser sinceros consigo mismos. Lo primero que he pensado al leerlo ha sido algo así como: “¡Por fin! Ya era hora de que reconocieras lo evidente para todos los que te vemos.” Y lo segundo: “¡Cuánto me alegro de que reconozcas que estabas intentando huir y alejarte de eso! No has podido. Sabía que no podrías.” Arrinconar inquietudes personales “de por vida” viene a ser como una tarea imposible. Vuelve, como boomerang, que según la fuerza de salida así es la de llegada. Somos expertos en esto, no torpes vividores en este sentido. Venimos al mundo dotados innatamente de la incapacidad para acallar eternamente nuestras inquietudes, nuestras preguntas, los roces que la vida y sus grandezas nos deparan. No sé bien cómo explicarlo, pero es verdaderamente inevitable. Sabemos que chocaremos tarde o temprano, que el impacto no se demorará, que sobreviene contra nosotros una fuerza irresistiblemente potente capaz de transformar lo cotidiano.

Querido amigo. Ahora te queda lo mejor. Pero bueno, como hoy ha comenzado todo, ahí quedan unas cuantas cosas para que pienses de qué va todo el asunto que acabas de revolver.

  1. No te detengas por el miedo a los demás. Ya no tiene sentido. Ahora somos libres para hablar contigo de todo cuanto hemos visto, y tú también sabes que ha pasado en tu vida. Te lo creas o no, en los tiempos en los que te encontrabas más “suelto” y con más “comodidad”, se bajaban tus defensas y se veía bien de qué iba todo lo que te inquietaba. Realmente divertido jugar al “pilla-pilla” dejando prudentemente que tú dieras el primer paso. Como ya está dado, déjate caer por ahí y escucha lo que otros tienen que decirte. Me adelanto a ellos: ¡Se te veía feliz y contento!
  2. Sentir que se han caído las máscaras, antifaces y disfraces. Bienvenido a tu rostro verdadero. ¿De qué te vestirás ahora, y a qué andarás jugando? ¿Cómo hablar cuando has descubierto quién eres y a qué quieres vivir? La autenticidad, de la que tanto se habla, resulta apasionante. Ahora bien, prepárate para querer lo mejor en todo momento. Te encontrarás tú mismo en juego. Ni tus cosas, ni la apariencia, ni las mentiras que rodean a tantos.
  3. Mirarás el mundo con otros ojos. Como en la película Matrix, al principio duele. Como dice Martín Valverde en sus conciertos, cuando eras hipócrita eras más simpático. Lo siento mucho, pero a la sinceridad con uno mismo va pareja la sinceridad también con los demás. Te darás cuenta pronto de a qué me refiero. Porque tendrás ganas de “hacer que otros despierten”, y tendrás que esperar pacientemente. Lo mismo le ocurrió a ese hombre, el primero del mito de la caverna, que salió de la cueva en la que estaba esclavo y quiso regresar para convencer a los demás de que lo que venían no era cierto. Él lo sabía, los otros no. El problema sobrevino cuando se dio cuenta de que no querían, sin más paliativos, conocer de qué hablaba. Tiempo al tiempo, paciencia y caridad.
  4. Distinguirás algunas cosas con claridad meridiana. Por ejemplo, quién te puede querer como eres y quién necesita que vuelvas a “lo de antes”, o qué te hace feliz y qué sirve simplemente para distraerte, o dónde arriesgas lo fundamental de tu vida a diferencia de lo meramente tangencial, o qué es amar y qué no, o cuánto puedes sufrir y a qué precio, o qué tiene sentido y cuántas cosas carecen de él, o quiénes son esenciales en tu vida y quiénes no. Junto a esto, tendrás pistas suficientes para reconocer tu propia vocación. Es más, por esto último comenzó, si mal no recuerdo, toda tu aventura.
  5. Lo último que constato en todas las personas que se atreven a decirse quiénes son me causa una enorme sorpresa, y siempre me deja anonadado. Ahora que has sido valientes descubres que eres mucho mejor, mucho más grande, mucho más capaz, mucho más libre, mucho más increíble, mucho más atractivo, mucho más feliz… de lo que eras antes, cuando vivías en medio de tus esclavitudes y dejabas que otros, atrincherándote con miedo y prejuicios, manejasen tu tiempo, tus fuerzas, tu vida. Este más que acabas de descubrir no supone ningún engaño, ni farsa por el momento o las circunstancias. Realmente pienso que todo estaba urdido para que, incapaz de ver tu grandeza y bondad, vivieses a medias y de préstamos. Ahora que has comenzado, ¡sé más de lo que ahora eres!
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