Ortografía pastoral (4) – Comas


La generación “líquida” demanda más que nunca espacios abiertos a los que poder asistir libremente, sin presiones ni condiciones, que no les aten, donde sentir que ellos eligen lo que más les conviene en un momento puntual, donde vivir la fe “porque sí”. Por otro lado, la sociedad de la competitividad es fuente de tensiones, presiones, conflictos. Ante todo esto, contemplando este panorama, me pregunto qué ofrecen nuestros procesos de pastoral que permitan a los jóvenes “respirar” en su aforada vida. Como sabemos, la coma es pausa a la vez que signo que nos permite interpretar el sentido general de la frase. Una coma, lo puede cambiar todo; no sólo es un respiro para volver a asfixiarse.

  1. El acompañamiento. Distingo en el acompañamiento tres grados que conviene diferenciar. El más sencillo es el ordinario, en el que el joven se siente conocido por su responsable, y las reuniones de grupo son momentos en los que aunque “se hable para muchos” algunas cosas “van dirigidas a uno en particular”. De algún modo, primario, es un gran acercamiento. El segundo, lo llamo “qué tal”, y aborda temas muy concretos. Es un “qué tal” la familia, la universidad, tus relaciones, el otro día, la oración o la fe. Su objeto es variable, según las circunstancias, y también es muy puntual. No permite una visión de conjunto, ni de proceso. Pero permite propiciar cercanía y situarse en el mismo plano, donde hablar de otra manera. Y por último, lo que viene siendo el acompañamiento como propiamente se nombra, el heredero matizado y transformado de la dirección espiritual. Esta relación es regular, se insiste mucho en la asimetría, en el rol de uno como guía –no amiguito- del acompañado, etc… En cualquier caso, es un balón de oxígeno que los jóvenes demandan en pastoral, una coma en su proceso.
  2. El silencio y la interioridad. Tanto vivimos de los sentidos actualmente, que con cerrarlos se experimenta alivio. Antes se llamaba recogimiento a la actitud de devoción, de silencio y reflexión interior. Pero vamos descubriendo que hoy por hoy, con los jóvenes que tenemos, dar por supuesto que el silencio exterior provoca el interior es una falsedad enorme. Sin embargo, el silencio de por sí les impresiona; comienzan a escucharse, y a escuchar; descubren que sienten y qué sienten, y es fuente de más sentimientos o de espirales de sentimientos; entienden y reflexionan sobre sus pensamientos, creencias; contrastan lo que tienen con lo que ven, demuestran su infelicidad por las “muchas cosas vacías”… El silencio es mediación privilegiada para ellos y una Palabra les provoca grandes resonancias. A través del silencio se abren al misterio, de lo que son y de lo que Él es en su vida. Pero no es fácil de encontrar este espacio en cualquier sitio, ni de forma tan instantánea como puede parecernos. El silencio puede ser un buen respiro y clave de futuro, aunque de partida les impone demasiado, provoca miedos y rechazos. Saben o intuyen que en el silencio se escucha.
  3. Palpar la realidad más allá de los discursos sobre… cualquier asunto. No hablo de dinámicas entre unos y otros dentro de una reunión normal, ni de lo que puede suponer ver una película o minivideo de youtube con ellos en un momento especialmente clave, sino de lo que es “estar cerca de la realidad de la que hablan”. Es decir, que hablar de la pobreza y la necesidad de justicia por el Reino es fácil, pero no lo es tanto encontrar un momento en el que ejercerla al modo como hemos hablado en el grupo, la catequesis, la oración o el encuentro de la semana. Y sin embargo, cuando se encuentran en la tesitura de superar los discursos y actuar coherente y consecuentemente con su fe, eso les alienta. Añado que se trata de palpar la realidad sobre “cualquier asunto” porque no es sólo cuestión de moral social, sino también en relación con la vida más cotidiana.
  4. Autenticidad de las personas y las relaciones de gratuidad. Entre la gente que vivo pueden existir rencillas y divisiones, malestares y roces. Ni lo dudo ni lo discutiré nunca. Pero el potencial humano y espiritual de la Iglesia es espectacular, y más cuando se trata de estar con los jóvenes. Hacer de menos, minusvalorar este hecho es perder uno de los grandes espacios que los jóvenes reclaman hoy por hoy. Todos los agentes de pastoral son testigos de cómo las relaciones que se entablan en una convivencia, en un retiro, en el grupo semanal o en la formación son de alta calidad. Los jóvenes cambian su cara, se muestran auténticos y se sienten muy libres para hablar, para expresarse, para cuestionarse al margen de sus prejuicios. Destaco de esas relaciones la “gratuidad” porque me parece que es un factor muy demandado, para lo que existe un sexto o séptimo sentido. Es una relación, por ejemplo, “más allá” de las notas, de las opiniones de los demás, de la productividad, del trabajo, de los lazos familiares, de los lazos históricos. Son con relaciones de carácter incondicional y gratuito como se puede comprender mejor y vivir en plenitud la incondicionalidad y gratuidad de la donación que Dios hace de sí mismo.
  5. La lectura de la propia historia con esperanza. No es nada fácil a la luz de los tiempos que corren hacer una lectura con los jóvenes de sus propias historias. Y al mismo tiempo, es algo que ellos demandan. Estamos tan volcados, a la hora de describir cómo son y qué cosas viven, que se nos olvidan elementos tan sencillos como estos: los jóvenes siguen siendo seres históricos, con una historia vivida y con una historia por vivir, en la que Dios también se hace presente. Ofrezco tres claves para esta lectura con jóvenes: (1) Dejar que sean ellos quienes comiencen a expresarla, sin muchas indicaciones previas. Cuanto más se hable, más se condicionará. Y posteriormente leer cuáles han sido sus grandes focos de atención y cuáles son sus olvidos más llamativos. (2) Ayudar a descubrir presencias y lugares con sentido. Invitar a una lectura desde la fe y dialogada con Dios. En la Palabra encontramos muchas referencias al Dios de la historia que guía a su pueblo, que lo libera de la esclavitud, que lo conduce por el desierto, que le lleva al monte santo, que le ofrece en herencia una tierra y descendencia, que envía profetas… (3) Convertir la memoria en esperanza y de lo que Dios ha hecho en lo que seguirá haciendo hasta ver su obra acabada. Esta última clave, que genera esperanza, también debe ser una invitación a sanar heridas y a poner a disposición del Señor los propios dones de Él recibidos. No puede quedarse, dicho de otro modo, en una lectura histórica, por muy profunda que sea, sin un futuro alentador y de vida.
  6. Espacios creativos y de creatividad. Hoy son verdaderos oasis. La interioridad no puede ahogar la necesidad humana de exterioridad, de habitar lugares concretos, de transformarlos y de apropiarlos. Pienso en ámbitos donde se ofrece a los jóvenes propuestas nuevas, sean talleres de arte y oración, de expresión corporal, de deporte, de grafiti o de informática. Se trata de hacer lo de siempre, evangelizar, con herramientas nuevas, más llamativas, más atractivas para el “hoy” de nuestra historia que no pierdan, en su creatividad, la densidad de los procesos de fe. Cierto es, de todos modos, que no deberíamos plantearnos todas las acciones de iglesia con un fin tan, tan definido que no dejase espacio para estos otros tiempos más abiertos, donde poder vivir y compartir sin más finalidad que esa, la de vivir y compartir. Y tampoco pueden, a mi entender, aprovecharse como un momento de “captación”, enseñando sólo una fachada estética atractiva sin contar y anunciar lo que mueve de verdad esta pastoral.
  7. Eventos de iglesia. Pienso, como no puede ser de otro modo, en la Jornada Mundial de la Juventud. También en otros encuentros, pero a hoy sobre todo en ese. Un gran acontecimiento para toda la Iglesia al que se hayan convocados todos los jóvenes del mundo. Un momento histórico para transformar la sociedad en la que vivimos en espacios de fraternidad, de cultura, de oración, de misión, de colaboración, de eclesialidad y de futuro. Entiendo que estos son balones de oxígeno que muestran a los jóvenes de hoy que no estamos solos, que la fe es compartida por muchos y es alegre, viva y valiente, capaz de llenar una ciudad entera y de acercar a Jesucristo a los jóvenes y a los jóvenes a Jesucristo. Pero también comprendo que es eso, un respiro que comporta una gran densidad para quien sabe leerlo, pero después la vida continuará.
Anuncios

Un pensamiento en “Ortografía pastoral (4) – Comas

  1. Pingback: Opiniones pastorales en forma de ortografía | Preguntarse y buscar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s