Ortografía pastoral (3) – Punto y seguido


Me pregunto muchas veces cuándo el joven hace lectura de su propia historia como el camino en el que comienza a vivir el proceso pastoral como algo propio, como una verdadera respuesta de fe. O lo que es lo mismo, pero a la inversa, qué tipo de pastoral media esta transformación. Todo agente de pastoral debe partir de la confianza en que Dios es quien toma la iniciativa. No me parece una cuestión baladí, ni que provoque la irresponsabilidad y dejadez en nadie, sino más bien al contrario. Quien tiene claro esto se convierte en cooperador de Dios, ejercita su sacerdocio y se transforma en un verdadero profeta.

Y volviendo a la metáfora, a esta parte de mi análisis pastoral he querido llamarle “punto y seguido”. Porque sé que hay hitos, acontecimientos, puntos de inflexión en la historia de los jóvenes. Momentos –no suelen ser instantes, dicho sea de paso- en los que pasan de una vida con matices y facetas cristianas a una vida de seguimiento. Es decir, que tras una cierta vivencia se abre un nuevo proceso que se debe acompañar, de carácter mucho más personal del que un grupo puede ofrecer.

  1. Pastoral de encuentro. Un retiro, una pascua, un acontecimiento de iglesia más o menos llamativo, más o menos grande y vivido con intensidad, puede convertirse en una toque personal muy importante. Aunque estas acciones se preparen con verdadera intensidad y dedicación por parte de los grupos de catequistas o determinadas comisiones, cada vez cobra más fuerza la conciencia eclesial de la importancia del post-encuentro. ¿Qué hacer después de un retiro, una pascua, una experiencia de verano? Lo que se sembró, lo que comenzó a germinar, ¿cómo hay que cuidarlo? Muchos de estas acciones son verdaderas convocatorias para “algo más” dentro del proceso de pastoral al que ya estaban convocados inicialmente los jóvenes, una primera conversión. Es a mi modo de ver un punto y seguido, y no un punto y final, cuando ese encuentro está bien acompañado y en él se descubre qué joven ha sido tocado especialmente, cuando se crean lazos en el mismo encuentro compartido.
  2. Pastoral de experiencias. Algo más puntual que lo anterior, abierto a la realidad del entorno, es una “experiencia”. Entiendo que son múltiples y diversas, planificadas con la mejor intención y que despiertan inquietudes en los jóvenes. Visitas, entrevistas, colaboraciones puntuales en campañas sociales, voluntariado por Navidad… ¿Se quedan en eso? ¿Tocar la realidad es algo tan concreto? Entiendo que nadie lo aceptaría con una descripción tan chabacana. Las experiencias integradas dentro de “algo más grande” son oportunidad para que el joven también aprenda a buscar su lugar dentro de la Iglesia, la forma de construir Reino. Se convierte en punto y seguido en la medida en que se ayuda a los jóvenes a elaborar esas experiencias desde claves pastorales más amplias, y enlazan con de algún modo con su vida real y posible.
  3. Pastoral de Sacramentos. Igualmente, desde parroquias y centros educativos de iglesia, se ofrecían los sacramentos como momentos clave del itinerario. Para muchos, la misma preparación ha sido un tiempo de replanteamiento en su vivencia de la fe, de apertura y conocimiento más profundo. Hoy se comprende fácilmente que el sacramento de la Eucaristía y de la Confirmación no son propiamente final de ningún proceso, sino puerta para vivir en la iglesia de modo más adulto. De este modo, son punto y seguido en tanto que la preparación haya partido de lo que realmente son los jóvenes, alejada del adoctrinamiento, y cuente de partida con una propuesta posterior en la que poder continuar creciendo. Las catequesis bautismales de las primeras iglesias es lo que nos enseñan precisamente, que hay una preparación previa pero lo grande, vital y más  importante se deja para después, en su desarrollo.
  4. Pastoral después de la escuela. Es ciertamente una plataforma magnífica para la pastoral. A ella acuden personas de todo tipo. Se ofrece un entorno privilegiado desde la infancia, pero su fin supone una ruptura con lo normal donde se pierden bastantes jóvenes todavía inmaduros en la fe. ¿Se abandona todo a la pastoral universitaria o hay formas de seguir convocando a quienes pasaron por las aulas “de Iglesia”? La ruptura con el colegio de toda la vida, entre cuyas paredes ha encontrado seguridad, es un buen momento para plantearse “la pastoral” de otra manera; exige, de entrada normalmente, nuevos horarios.
  5. Pastoral de testigos. Son varios los jóvenes que conozco que se han acercado porque les ha llamado profundamente la atención una persona en un determinado momento. Se acercaron confiando en que encontrarían una iglesia diferente a la que le vendían los periódicos y las noticias, los rumores de la gente y sus propios prejuicios. Testigos callados, con intención de convocar o sin ella, son también motivo de proximidad. Y también para la gente que vive su fe ordinariamente, entre la rutina y la más absoluta normalidad. Se convierte en pastoral de punto y seguido cuando no es un francotirador, sino revela la comunidad que le sostiene; y por tanto, invita a compartir lo que él ha recibido. En la medida, dicho sea de otro modo, en que el testimonio se reconoce como mediación y no como escaparate de sí mismo. Es posible deslumbrar –e incluso para algunos es tremendamente fácil hacerlo-, los jóvenes buscan ese tipo de referencias llamativas, pero tiene que haber algo más detrás.
  6. Pastoral de la Palabra. El acercamiento a la Palabra, y los esfuerzos formativos y de integración en la oración ordinaria de la comunidad, ha sido fuente de enormes frutos. Los jóvenes han hecho suya una forma de orar en relación a la Palabra que en un primer momento les va narrando quién es Dios, para después ser mediación de diálogo en escucha. ¿En qué medida es por tanto la Palabra un punto y seguido? En cuanto dote de herramientas para la lectura personal, el trato asiduo con ella con un juicio formado. En cuanto se convierta en escucha y no en manipulación o justificación o defensa del propio estilo de vida. En cuanto se haga carne, en Jesucristo, y no aísle del resto de la Iglesia.
  7. Pastoral del trato cercano y afectivo, personal. Cuando a un joven le sucede algo realmente importante, y alguien se acerca para preguntarle, consolarle, animarle, o simplemente para dialogar con él, es como si se sellase una relación. Conviene por lo tanto, estar atentos y saber escuchar lo que les sucede. En este momento se transforma, como decía al principio, el proceso y pasa de ser “uno de tantos” a considerarse “único y original”. Es un claro punto y seguido, porque después demandará y mantendrá el contacto en otros espacios diversos.

(El artículo continúa)

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