Ortografía pastoral (2) – Puntos finales


Recuerdo que el artículo que lees no es más que mi propia opinión al respecto, puesta por escrito. Ojalá sea compartida por otros, también corregida y mejorada. Tarea a la que siempre quedas invitado y convocado. Lo dicho aquí no responde a un sondeo, prospección y análisis detallado. Más bien a la constatación personal y al diálogo e interés que he mostrado al respecto. Creo que los puntos finales son una especie de callejones sin salida que han bloquedado definitivamente en el anuncio de Jesucristo y el Reino para muchos, por falta de integración, por falta de valentía, por complejos provocados y explotados por agentes dentro y fuera de la misma Iglesia. En cualquier caso, insisto, se trata sólo de una opinión personal de la que me hago responsable, y que espero que otros puedan corregir y debatir.

Si echamos la vista atrás y leemos la pastoral con jóvenes desde el Concilio Vaticano II nos damos cuenta de los fuertes contrastes que ha sufrido nuestra sociedad y la Iglesia. Bandazos y “bandas organizadas” de un lado y de otro, sin una propuesta definida; unas con mayor éxito y cobertura, y otras muchas deshilachadas y centradas exclusivamente en dos o tres claves “de acción”. Si intentamos abandonar nuestros propios prejuicios y ponemos entre paréntesis algunas experiencias que nos hayan hecho bien de forma puntual o que han ayudado a otros, constatamos que realidades que han llegado a su fin por asfixia. ¡Ya no se podía respirar en ellas!

  1. Pastoral con Dios entre paréntesis. Bajo la apariencia de frontera o de acercarse a los últimos se ha fomentado una pastoral con jóvenes poco confesante, donde ser cristiano se callaba por no espantar, como si seguir a Cristo fuera algo humillante y que no se puede decir. Todo lo que sonase “demasiado a religioso” se presentaba de forma marginal u opcional, hasta convertir en una opción de vida radical asistir a las celebraciones de la Eucaristía.
  2. Pastoral de la introspección. En atención a la persona, que está creciendo y debe tomar de forma libre sus decisiones. Una pastoral que atendía a la persona, que le ayudaba a mirarse a sí misma, a descubrirse, a reconocer “dones” que no se sabe de dónde viene, o “heridas” sin hablar del Salvador. Una pastoral que se agota en el conocimiento de sí mismo, en la escucha de cómo está el otro. Y así un día y otro día.
  3. Pastoral sin Iglesia. Que se vive en la marginalidad, que se centra en el propio grupo (o realidad eclesial minúscula), que se autoabastece y se autodestruye a la misma velocidad endogámicamente. Que repite sus propios esquemas, que no comparte las experiencias de Iglesia ni se siente parte de ella, y se encuentra lejos de acercarse a las mediaciones que Dios nos ha entregado. Que no acepta la diversidad ni comparte la pluralidad de carismas como un don del Espíritu. Que no es capaz de dialogar, ni quiere escuchar otras voces distintas a la suya.
  4. Pastoral presentista, del cómo te sientes. Está claro que el “descubrimiento” de los sentimientos ha sido una de las grandes revoluciones de finales del siglo XX, característica inequívoca de la postmodernidad. Conocer a los jóvenes con profundidad y dar respuesta real a su situación e inquietudes es una cosa, y otra muy diferente quedarse en aspectos que nos pueden parecer más cómodos, más fáciles o más asequibles. Una parte importante de los procesos de pastoral que conozco se quedan en un “cómo te sientes” y todo se propone para que el joven “se sienta bien”, nada le incomode o cuestione, nada le provoque -o descubra- conflictos. Esta pastoral se queda en la forja de espacios afectivos cálidos.
  5. Pastoral con la realidad escrita al margen. Digo “escrita al margen” porque se supone que toda pastoral está inmersa en un contexto determinado. Pero algunas crean verdaderos invernaderos que mantienen un clima idílico; en los que los jóvenes aprenden a mostrarse de una manera completamente diferente a como realmente son al cerrar la puerta del grupo y asomarse a esa realidad que les inunda y desborda diariamente en su familia, en la universidad, en el ocio y la fiesta nocturna.
  6. Pastoral de agentes sin vida y formación. Por último, pero de una importancia crucial para el conjunto. Durante un tiempo se pudo presuponer la valía de casi cualquier persona del proceso para acompañar grupos y jóvenes, porque la educación cristiana estaba más socializada y era una tarea en la que agentes de distintos ámbitos intervenían. Hoy, cuando ese acompañamiento está tan focalizado, los agentes deben estar preparados y deben portar en sí la vida que anuncian. Además, no se equivocan quienes piensan que el joven de hoy es un joven que busca y no se conforma con cualquier “engaño o palabra” (al menos en lo que a la fe se refiere). La pastoral que no se ejercita desde la comunidad, por parte de agentes que viven su fe con naturalidad y alegría, está abocada a desaparecer. Comunidad que integre y ofrezca al mismo tiempo “formación” (palabra, pensamiento, razón, interpretación, respuesta) y “vida” (oración, compromiso, fidelidad, opción, entrega, sacrificio) de manera integrada.

(Continúa el artículo en la siguiente entrada)

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