Ortografía Pastoral (1) – Introducción


Hace poco alguien me recordó (feliz memoria, por cierto) que había escrito este artículo hace un año y medio sobre cómo veía yo la Acción Pastoral y la Evangelización, es decir, el anuncio de Jesucristo y del Reino, y cómo andaba implicado en ella. De entonces hasta ahora, sí que me he movido “un poco” en algún terreno de lo que venía siendo “lo habitual y común”. La JMJ no pasó sin dejar huella, tanto en su preparación, como en el encuentro, y los anhelados frutos de los que tanto hablábamos en los previos.

Como es una reflexión, sin más ánimo ni pretensión que el diálogo, la búsqueda común, y el buen hacer, lo pongo a disposición de todos. Creo mucho en esto de compartir y sentarse verdaderamente juntos a mirar con nuestras acciones en la misma dirección después de una buena conversación y diálogo. De hecho, reconozco que hay muchas aportaciones en la misma dirección que son mucho mejores que ésta. Por tanto, permitidme que no cambie nada de lo dicho, a pesar de que fue escrito en poco más de una noche y en algún caso se hace un tanto liosa su lectura.  Lo divido en varias entradas, según las partes que componen dicho artículo. Para cualquier aclaración, duda o cuestión, siempre a vuestra disposición en la medida de mi capacidad y tiempo.

Puntos, comas, exclamaciones e interrogantes en la Pastoral con jóvenes

Bien leída, la pastoral con jóvenes hoy en España tiene muchas caras nuevas que explorar, renace con fuerza la creatividad en los procesos y se abre al mundo de las nuevas tecnologías. Nos lo ha recordado la revista RPJ durante todo el año, a través de sus artículos, de las voces plurales que aparecen en ella y de los proyectos que intentar encarnar todas esas ideas que fluyen entre los agentes y responsables de la nueva evangelización. A raíz del Fórum de Pastoral con Jóvenes, celebrado hace algo más de dos años, hemos podido comprobar cómo, bajo muchas luces y sombras, hay cuestiones de fondo y vitales que impulsan a cada uno a emprender la tarea de responder a la llamada que el Señor nos hace de evangelizar.

Por eso precisamente el título de este artículo, centrado en la adecuada lectura de la Pastoral con Jóvenes, sin saltarse los puntos, ni las comas, dando buena entonación a las exclamaciones y a los interrogantes. Porque todos podemos decir lo mismo con distintos acentos, enfatizando unos polos frente a otros dentro de una misma tensión, pero los signos son comunes para quien quiera mirarlos.

Lo que ofrezco en estas pocas páginas, hunde sus raíces en tres realidades que considero necesarias hoy para todo agente de pastoral, sea catequista o responsable de catequistas:

  1. Lo primero que pongo sobre la mesa es el propio entusiasmo y la respuesta que doy a la vocación que he recibido. La realidad pastoral y la evangelización no se pueden vivir hoy por hoy de otra manera, ni puede ponerse en manos de personas sin ánimo y permanentemente quejumbrosas, insatisfechas y pesimistas. Y tampoco a aquellas que no lo sientan y vivan como llamada de Dios a construir el Reino. El entusiasmo y la vocación, son lo primero.
  2. Lo segundo es la reflexión y oración personal. Mediante lecturas o en los momentos en los que nos paramos a escribir para nosotros o para otros, frenando “en seco” el frenético ritmo europeo del hacer inmediato porque se vienen encima encuentros, convivencias, pascuas, formaciones y otras mil historias del día a día. Y de la oración personal, que siempre ilumina y que no pocas veces entendemos al margen. Esa oración que tiene siempre presente a los muchachos y sus rostros e historias, sin convertir el encuentro con Cristo en un tiempo funcional. Oración que brota del corazón.
  3. Las conversaciones sobre pastoral con otras personas, de mi entorno más directo o de Iglesia, y con otras que consideramos alejadas. Soy de quienes disfrutan con una buena conversación durante mucho tiempo, en las que aprendo a tratar asuntos de forma prudente, a compartir mis opiniones, a abrir horizontes y a concretar necesidades palpables de la Iglesia en la que me muevo. Pero sobre todo, tengo un cariño especial a los diálogos positivos y constructivos, en los que se camina hacia delante, se toman decisiones de futuro en equipo y nos mostramos con la valentía que proviene del Espíritu.

(Continúa en la siguiente entrada)

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