Prepararse para la prueba


 Admiro a la gente que prepara oposiciones y exámenes fuertes, pruebas que exigen rendimiento. Verdaderos deportistas intelectuales, y mentales. Gran metáfora para tantas otras cosas, con carácter ciertamente educativo. Férreos, duros, constantes, ordenados, fortalecidos en la necesidad, concentrados, motivados, con ideas claras. Algunas veces la prueba les supera. Lo he visto, lo he sufrido igualmente. Se desmoronan, caen, dejan de estar al nivel esperado, la mente les juega malas pasadas, desean abandonar, que pase todo cuanto antes, y se preguntan si merece la pena, qué están haciendo con sus vidas y el tiempo que tienen. No son máquinas, tampoco perfectos aunque aspiran a un grado elevado en este sentido, tienen altibajos. Tienen clara la meta, no ignoran el sufrimiento que les aguarda por el camino. Pero el tiempo se dilata. ¡Cuánto sacrificio! Van pasando días que se parecen demasiado entre sí, se demora el final que les espera. Algunas veces sienten que están cerca, otras no ven ni siquiera el siguiente paso en el camino. Empiezan con potencia y ganas, pero con mucho desorden y poco hábito. Van sucesivamente entrando en el ritmo de la preparación. Todo cuadra. Como si de una habitación se tratase, lo siguiente, hay que procurar mantener a raya cuanto hay.

En el ejemplo anterior hay algo que debe ser matizado para “aplicarse a otras cosas de la vida”. Por un lado, la prueba se desea, de algún modo, porque hay un bien mayor aguardando y esperando. Al menos en la cabeza de quienes se preparan para ello. Lo de después no estará ajeno ni a sacrificios ni sufrimientos. Pero algo les motiva. Sea la propia vocación, el sueño de la infancia, un ideal de sociedad al que deben contribuir, o sea los beneficios que se derivan del cargo, puesto o trabajo al que se aspira llegar. Estimo que lo primero tiene mucha más potencia que lo segundo. Por otro lado, no surge espontáneamente, como si un día te despertases y te vieses involucrado en una prueba de semejante magnitud. Hay un camino que se puede recorrer y leer históricamente cuyos pasos encaminan hacia ese horizonte. Ambas cuestiones, en la vida cotidiana y en las pruebas de la existencia no se verifican de igual modo. Nadie, en su ignorancia, puede situarse de un modo tan necio que no sea capaz de anticipar un tiempo de prueba, de dolor, de sufrimiento; pero nadie es, parejamente, tan sabio como para determinar por qué lado vendrá, en qué arista sacudirá. Habitualmente, al menos.

Por lo tanto, prepararse para la prueba no podemos reducirlo a prepararnos para “una prueba” concreta. Si esto fuera así, quedarían demasiados flancos por cubrir, demasiado al descubierto, excesivos flecos carentes de protección, desvalidos y desasidos de asistencia.

  1. Como en los castillos medievales, deberíamos establecer dos zonas de seguridad en la vida. No tanto por fragmentación como por custodiar y diferenciar ámbitos de la propia vida con diferentes carácter de esencialidad y fundamentalidad. Es decir, que no todo en la vida se puede exponer de igual manera en según qué momentos, porque nos deja en una posición más débil. Lo cual supone haber aprendido, durante mucho tiempo antes, cuando todo parecía tranquilo y bondadoso, a guardar con esmero, ahínco y pasión. Una distinción necesaria, una selección imprescindible, un misterio propiciado. Algunas personas pueden tener libre acceso a ese corazón, a la raíz de nuestra vida, pero para la mayoría debería quedar como en una incógnita que sugiriera algo más de lo que se ve, aunque con la pregunta siempre abierta de qué será.
  2. Equilibrio entre improvisación vital, esto es, disponibilidad, maleabilidad, capacidad de adaptación y de acogida de las circunstancias de la propia existencia, y la planificación y orientación fundamental. Garantizar, dicho de otro modo, objetivos grandes en última instancia sabiendo aprovechar para su logro “lo que surja”. Seríamos entonces una especie de rambos, si se me permite la expresión desprovista de todo contenido bélico aunque la vida sea un combate y batalla continuo muchas veces, dispuestos a valernos y aprovechar los diferentes recursos que estén a nuestra disposición. Sinceramente, creo que esto es educable de dos formas muy sencillas: sabiendo cómo nos comportamos y estamos en según qué circunstancias, conociendo qué nos hace vibrar y qué sufrir; y dejando de controlar en exceso lo que tiene que pasar en cada paso y momento de la vida.
  3. La tarea del opositor, siendo una lucha personal e individual, contra todo viento y marea, no puede llevarse ni en soledad ni al augurio de cada día siendo una veleta del destino. Ya no se trata de la batalla que ordinariamente mantengo contra la soledad, sino de algo más grande y de una verdad evidente y esencial. Contra la soledad que siente aquel que se prepara la prueba hay dos tipos, diferentes, de compañías propicias y dichosas: una, la de quienes han pasado por situaciones similares o tienen capacidad simpática para comprender lo que están viviendo, en qué momento se encuentran, cómo sufren; otra, la de las personas del momento, que liberan de la presión de estar siempre en lo mismo, bajo el peso permanente de lo mismo, que todo lo identifica consigo mismo. Son afortunados quienes disponen en determinadas personas de estos dos factores en uno. Pero que nadie piense que estas personas, esenciales, surgirán de la nada como si existieran academias para estas “opociones de la vida”. No aparece la chispa en el momento, sino antes. Y, por otro lado, nos ayuda a descubrir que las pruebas tienen a aislar y dividir, o a unir a quienes deben separarse y distanciarse. Dicho de otro modo, las personas cubren huecos que han sido destinados específicamente para ellas, y cuyo vacío suele ser determinante para aumentar el dolor o cuya plenitud y presencia da seguridad, confianza y amparo.
  4. La importancia de las cosas. Ante lo he enunciado, así que no me repetiré en exceso. Sin cosas no viviríamos. No somos, por otro lado, una cosa entre otras cosas. Pero sí creación, parte del mundo.
  5. Alejar pensamientos negativos. La cabeza debe funcionar en espiral, o algo por el estilo. Porque cuando empezamos por un cabo habitualmente llegamos a otro extremo, se encadenan sucesivamente pensamientos que conducen más allá de sí mismos. Algunas veces pensar en el placer nos lleva a sufrir en demasía. El principio parecía excelente, y las conclusiones nos dejan sin aliento y sin fuerza de ningún tipo. Otras veces, son preguntas hechas por nosotros o por otros, que provocan un enorme dolor al no encontrar respuesta en el momento preciso. La cuestión es que seamos capaces de controlar qué estamos haciendo con nosotros mismos y a dónde nos conducirá. Sabemos, dicho sea de paso, que cuanto antes lo cortemos mucho mejor, infinitamente mejor, no hay comparación. Tenemos que “salir de ahí” como sea, al precio que sea, del modo que sea. Tenemos que educarnos en combatirnos a nosotros mismos en semejante soledad. Y, de ahí, centrarnos en lo que realmente quisimos cuando estábamos con “juicio suficiente” para elegir y determinar nuestra propia vida.
  6. Cultivarse en el tiempo. El tiempo de la preparación, el tiempo de la espera. Considerar que todo cuanto sucede se enmarca entre un principio y un final. A veces conocido, otras imposible de adelantar. En este sentido, y en cualquier caso, toda realidad tiende a su fin temporal que no tiene por qué ser un fin constitutivo de su búsqueda. Calendarios, horarios, y la revisión de los mismos, ajustan nuestros preparativos y nos hacen ver hacia dónde y cómo avanzamos.
  7. Desmarcarse de lo establecido. No tengo claro lo que voy a decir ahora, porque tampoco lo he estudiado demasiado, pero en cierto modo compruebo que socialmente se establecen huidas hacia adelante (que no siempre son negativas, muchas veces la evasión es recurso útil para quienes caerían de otro modo) y en no pocas ocasiones se demuestra que los individuos de la sociedad se han hecho con estos recursos tan “por las pinzas” que hacen más daño que bien con los estereotipos, respuestas fáciles. Por eso, un cierto “salir de lo usual” para tomarlo en las propias manos, con mayos ajenas que ayuden en la misma dirección. Aquí lo dejo, porque como digo, no lo tengo muy elaborado por el momento.
  8. Valerse de su fuerza. Clásicamente, remontándose a todas las formas culturales y espirituales que conozco, las pruebas han sido consideradas bajo el signo de la purificación, de la reparación, del equilibrio del mundo. No digo que esta visión sea aplicable a todo. Y mucho menos forzando un paradigma o modelo estándar a todo. O hay relación con algo más de lo que en la inmanencia del mundo encontramos, o dotamos de trascendencia, diálogo y relación a esta situación, o la persona sometida a la prueba se escindirá interiormente y enfermará interiormente. También en el espíritu, no sólo en su mente, por dejar entrar este virus. Cuando digo “valerse de la fuerza de la prueba” lo hago, por lo tanto, siendo consciente de que hay que diferenciar y discernir en cada caso según convenga. Pero apunto que existen pruebas en las que podemos involucrarnos porque nos pueden hacer mucho, mucho bien. Por ejemplo, cuando nos ponemos una meta exigente en la vida, ésta nos saca de pereza, el desaliento y el desánimo; o cuando alguien nos pide que sirvamos, que amemos, que estemos a su lado gratuitamente, sin duda alguna nos pone en la pista de elementos definitivos y en la cumbre de muchas alegrías al vernos pasar por ésta. Por si acaso, repito que este punto no viene a justificar nada. Ojalá no existieran algunas pruebas, sufrimientos y dolores. Acomodarse, sin más, no entiendo que sea bueno casi nunca.

Sin lugar a dudas, muchas otras cosas pueden ayudar. De hecho, lo más importante del post está enunciado desde el principio. Una llamada a considerar que las pruebas vendrán, que no tienen por qué arruinar la vida de nadie, e incluso se desean en ocasiones. No en todas, porque sería una locura impertienente ir por el mundo de ese modo. Se llaman pruebas porque ponen de manifiesto qué hay, qué se quiere, con cuánta pasión, con qué deseo, con qué potencia, fuerza y vigor, con qué grado de esperanza. Si se asientan o no en algo, si pillan al descubierto o estábamos protegidos en lo fundamental. Da igual cómo, llegarán. Y conviene estar preparado. Cada cual, a su modo. Nunca solos.

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3 pensamientos en “Prepararse para la prueba

  1. Pingback: Prepararse para la prueba | Preguntarse y buscar

  2. El hombre de los listados con números… Hoy te has superado: ¡¡8!! Me alucina ver la de cosas que tienes que contar… (va en serio, es increíble la capacidad que tienes para tener cosas que decir, y decirlas tan bien). Pues eso, que felicidades, en serio. La fidelidad en un blog, dicen que, es muy costosa. Yo, me beneficio de ello…

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