7 formas de obediencia


Lo de obedecer no se estila en los tiempos modernos. Está demasiado emparentada con el sometimiento, el acatamiento, el acallamiento, la falta de voluntad, la carencia de libertad, la inconsistencia de la persona y sus dependencias, la heteronomía y el cautiverio de la razón y del propio pensamiento. Consideramos que quien obedece no puede mandar, no tiene poder ni tampoco valía suficiente para ejercerlo. Asociamos la obediencia con la infancia, la incapacidad, la esclavitud en cualquiera de sus formas. Como si se descubriera entonces, por la vía de la imposición, que no estamos solos en el mundo y debemos dar una respuesta. Y todo ello aderezado con fuertes dosis de pesimismo humano y social. Lo cierto es que quienes mandan y quienes escuchan sus requerimientos y solicitudes no se sitúan en el mismo plano. Evidentemente, juegan partidas diferentes.

En realidad, siendo sinceros, tendríamos igualmente que valorar cuántas veces nos han “mandado” y ha sido lo mejor para nosotros, nos ha roto el mundo cerrado y limitado en el que estábamos, nos ha liberado incluso de nosotros mismos, de nuestras mediocridades y de nuestros prejuicios. Ojalá fuera más fácil algunas veces, y descubriésemos otro camino. De alguna manera no siempre estamos en disposición de acoger. Algunas veces la obediencia fuerza una respuesta que, de otro modo, ni hubiésemos imaginado. Y en positivo, existe una consideración de la obediencia positiva en el que vemos que otras personas se preocupan por nosotros, nos orientan, nos ceden un puesto en la creación y el mundo.

Por educación, entiendo que existen formas diferentes de comprender la obediencia. Algunas veces el grito de la libertad está vacío, y es excesivamente solitario. La obediencia ha sido encerrada en un cajón encadenado del que debe salir y mostrar su verdadero rostro. Al final terminaremos obedeciendo, indiscutiblemente, y reconociendo que ha formado parte constitutiva de nuestra identidad y condición humana. No hay persona viva que no obedezca, de un modo u otro.

  1. Autenticidad. Obediencia hacia lo que somos. Y al deber de mostrarlo y entregarlo.
  2. Coherencia. Obediencia a la realidad. En relación al mundo, y a la verdad. Sin adueñarnos de él.
  3. Participación. Obediencia a nuestras propias relaciones. Somos y tenemos “parte con”.
  4. Sometimiento. Obediencia a lo que no podemos acoger. Que forma parte de la vida.
  5. Escucha. Toda escucha requiere una respuesta. Quien recibe una palabra queda constituido por ella.
  6. Amor. La forma de obediencia más sublime, cuando ésta abandona su miseria y falta de personalidad.
  7. Libertad. Una gran obediencia a nosotros mismos, y nuestra condición. También la libertad de los otros debe ser igualmente obedecida, acogida, aceptada y respetada sobremanera.

En otro tiempo hubiera extendido en el post cada uno de los puntos. Pero ahora llega el verano, “invierno del alma”. Te propongo, sin más, que valores que sin obediencia no hay persona, que obedecer nada tiene que ver en plenitud sólo con el sometimiento, aunque algunas veces así pueda considerarse. Que quien obedece no pierde libertad, sino que la ejerce. La cuestión es por qué lo hace, qué le mueve a ello, y qué precio paga por esa relación consigo mismo, con el mundo, con los demás, o con Dios. Siempre dará algo con la obediencia, y siempre también recibirá, parejo al mandato y a su cumplimiento, una historia y circunstancias nuevas. Quien obedece, considéralo, sale de sí mismo aunque consigo mismo en sus capacidades y en sus decisiones. Quien obedece, igualmente, no puede estar solo en esa tarea. Al menos hay una persona que sabe que está cumpliendo su misión. Al menos una, habitualmente más. Quien obedece, como suele decirse, no se equivoca si no decide hacer nada. Lo cual me parece, y con esto termino, una somera estupidez. Obedecer y pulsar el supuesto botón automático de alguien no se parece en nada. La obediencia vive, siempre, más allá de sí misma y nunca esclaviza. Si caso esclaviza o libera aquello o aquel o Aquel que lo hace. Cuestión de discernimiento, que nos puede llevar al amor.

¿Qué puedo hacer por ti? ¿Cómo puedo ayudarte? ¿Puedo colaborar? ¿Qué quieres? ¿Qué deseas? Y tantas otras preguntas nos revelan que, cuando la obediencia es disposición y disponibilidad hacia otra persona, y comienza en uno mismo en lugar de iniciarse fuera por imposición, tiene un rostro diferente, muy diferente al que habitualmente valoramos. Obedecer entonces mueve a acoger y recibir, incluso con sorpresa y exigencia.

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5 pensamientos en “7 formas de obediencia

  1. Pingback: 7 formas de obediencia | Preguntarse y buscar

  2. Muy buen post.
    La obediencia no está nada de moda, incluso se asocia con algo peroyativo, supongo que será por esa especie de plaga que nos acecha: la exaltación del yo. Para mi la obediencia, aparte de las acertadas siete formas de obediencia que usted comenta, supone sobre todo respeto, no desde la distancia ni el sometimiento, sino desde el respeto al otro, También la lealtad para con uno mismo, con sus principios y su dignidad. También supone conocimiento de uno mismo, control de la frustración y convivencia con los demás.Empatía. El que no ha sabido obedecer, difícilmente sabrá mandar

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