Si no tomas la palabra, terminarás gritando


A mi bandeja de correos ha llegado uno inusual. Un amigo me reenvía la carta de saludo y bienvenida de su nuevo jefe que, a su vez, él recibió en su momento en su bandeja de entrada. Reenviar correos ha dejado de ser, por otro lado, una tarea útil y práctica. Si hay algo interesante, que pase a las redes sociales. Pero en este asunto, hay que proceder con cautela. Porque, según parece, el nuevo jefe llega al mando resabiado, con experiencia directiva, dispuesto a cumplir objetivos, y con ánimo de situar a cada uno en las lindes de la excelencia productiva. No resumo tanto el correo con el siguiente mensaje: “Queridos. Tenemos las cosas claras. Trabajad mucho y sed buenos. Callad. Adiós.” Me falta añadir: “No molestéis.”

Las sociedades modernas no terminan de aprender las lecciones que les ha dado la historia en repetidas ocasiones. Quienes no toman la palabra, terminan gritando. Hay al menos dos formas de “no tomar la palabra”: la primera, no disponer de ella, que no se ofrezca, que no se conceda ese universal privilegio y derecho humano; la segunda, no acogerla, desecharla, rechazar incluso esa responsabilidad poniéndose en mano de las decisiones de los otros. Ambas estimo que no son combinables. Una tercera forma despiadada y cruel de no tomar la palabra, descomunalmente rígida e inflexible es sencillamente no soltarla jamás. No puede tomar la palabra quienes, al final de sus intervenciones, no la dejan nunca en manos de otros.

Entre quienes toman la palabra, se pueden dar múltiples situaciones. Los hay que toman la palabra porque no tienen nada que decir mejor de lo dicho hasta el momento, y lo dicen: “No tengo nada mejor que decir.” Quizá está en sus manos la responsabilidad de mostrar que otros tampoco saben, que ignoran, que están obligados a callar. Hay otros que toman la palabra creyendo que tienen mucho que decir, pero realmente ya se ha dicho algo mejor, y entonces los demás dicen: “No les hagamos demasiado caso.” También estos, ejerciendo su valor, muestran y despiertan las sociedades para no creer cualquier cosa. Son ciudadanos esenciales. Y deben hablar igualmente. En ocasiones, quienes parecía que no tenían nada que decir, si quien escucha es noble, irrumpen en la comodidad regulada de los otros, y también sucede a la inversa con os universalmente encumbrados, pero necesitamos sinceras personas que a la par que escuchan sigan pensando. En este tercer y cuarto caso, todo queda alterado, entendiendo por todo el sistema ordenado y cabal al que nos reducimos comúnmente. Pero sólo lo descubriremos dando el privilegio de ser escuchado aquel que no tenía nada que decir, y atendiendo con mayor atención al señor de los oídos.

Los más peligrosos, permanecen callados o acallados. Situaciones ambas que sufren violencia, y a su vez la generan prolongándola y extendiéndola aún más. Si se acomodan al silencio, también son peligrosos, porque despertarán en algún momento. Y no sabrán ni cómo hacerlo, sin empezar pedagógicamente por el balbuceo directamente gritarán o insultarán o respartirán sus palabras con desgarro, y se sentirán presa de otros más educados y refinados en ese arte, a quienes desearán amordazar a su vez. En el fondo, su torpeza e incapacidad la considero irresponsable. Si pienso bien, la culpa es de otros. Pero no todos comparten la experiencia “física” del silencio, no creas que si sueltas palabras al viento tú estás libre de semejante atrocidad. La crueldad del silenciamiento en las sociedades modernas adquiere unas dimensiones increíbles cuando los ciudadanos pueden hablar en tribunas preciosas y bellas sin auditores, cuando lanzan mensajes por las calles sin que vaya con sus destinatarios más de dos pasos, cuando se les deja mostrar el aspecto más salvaje e inferior de la propuesta, y cuando sólo se quedará todo lo dicho en meras palabras. De niños jugábamos, moviéndonos las manos, a imitar a los poderosos de nuestros tiempos mientras cantábamos aquello de “habla, habla, que no te escucho”, y nos tapábamos finalmente los oidos. Jugábamos sin saber qué decíamos realmente. Pero ahí quedo, para siempre, la deficiencia de la peor sordera posible.

Todo lo dicho desearía culminarlo con una guinda de ejercicio de responsabilidad personal. Está escrito en tercera persona del singular, y no del plural, con el propósito firme de entablar diálogo y pedirte que reflexiones. (1) Ten cuiado con aquellos lugares en los que no puedes hablar, porque cuando comiences puedes mostrar lo que no eres, fruto de la pasión y de la acumulación. Vigila tus palabras, prepara bien la intervención. (2) Atiende a quienes escuches, para no quedar hipnotizado (y vivir himnotizado con los cantos de las sirenas). Si tus palabras se parecen demasiado a las de otros, comienza a preguntarte qué sería de ti si no les escucharas. ¿Quedaría algo? (3) Busca tu propio lenguaje, en forma y modo, también en tiempo y situación. Después de ciertas personas, quizá no tengas nada que decir, sé prudente. Y antes de ellas, tampoco. La estrategia no es más que lo que envuelve lo verdaderamente importante. (4) Cuídate de no silenciar a nadie, para aprender de todos.

Espero que alguien se dé cuenta de que en el párrafo anterior hay una o dos mentiras, según se mire.

Anuncios

Un pensamiento en “Si no tomas la palabra, terminarás gritando

  1. Me quedo con la (4). La percepción subjetiva cuando hablas, es la rebotada de quienes te escuchan.., en la mayor parte de las ocasioens. Ojalá sepa yo escuchar bien… Seguro que los que hablen conmigo (me gusta más eso, que el “que me hablen”) no tendrán demasiada necesidad de gritar ni de callarse. Bueno, seguro-seguro… no. Es una posibilidad… Gracias, como siempre, por tu reflexión.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s