Leer a Mafalda


Quino debería haber sido prohibido hace mucho, mucho tiempo. Igual que en la frase anterior se agolpan verbos en sucesión, de la misma manera en sus viñetas simples y sencillas se refleja la técnica del dibujo, mediación para algo infinitamente mayor, de increíble arte, de aguda visión de pasado, presente y futuro. Son acciones, más que palabras.

La lectura del infantil cómic de Quino, en un mundo en el que lo adulto está cargado de color, de movimiento, de tensión y de lucha, queda reservada para quienes han sido punzados por la vida, tienen tiempo para detenerse a soñar y pensar un mundo más justo, y azuzan su conciencia y la ajena. En su tiempo hicieron gracia, como de costumbre, a unos pocos. Y sigue siendo fiel a su inclinación primera. ¡A unos pocos no hará gracia! De estos pocos hay que preocuparse porque no quieren pensar, ni poco, ni mucho, ni demasiado. Simplemente no quieren pensar. Y esto no deja de ser preocupante. Deberíamos llenar un día las redes sociales del mundo de Mafalda, y diagnosticar los males de nuestro mundo. Así sanará. Con cuidado, cariño e inteligencia.

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