Ver “Psicosis”


¡Qué lástima que algunas películas seamos capaces de reducirlas a una o dos escenas! La abismal creatividad de Alfred Hitchcock exige siempre una cautela especial. Lo primero, por saber en qué momento aparecerá él, con su acierto y disimulo. Lo segundo, porque cuanto aparece o no es así o viene a contarlo todo sin contar nada. En concreto, durante esta cinta considero que es más bien lo segundo. Algo que me parece sublime. Porque estando delante de la verdad permanentemente, sin nada que se nos oculte, sin embargo no alcanzamos a cerrar su despliegue hasta el monólogo final. No digo más, que si no la lío.

Por otro lado, el arte del misterio, cultivado en rostros tan inocentes, tan sencillos, en personajes encontrados en las cunetas más humildes de la carretera, parece que desde entonces significan mucho más de lo que han querido enseñarnos. Como si todo se viviese, o cualquiera fuera susceptible de caer en ello, de al menos dos maneras posibles en función de la herencia recibida y la idiosincrasia particular de cada uno. Lo dicho, ¡un monstruo con doble cara amamantado desde la tierna infancia en brazos de su madre! Jugar a un “Quién es quién” (Guess Who?) con Hitchcock, en mezclando lo disecable con lo psicológico, debe ser un rato de lo más iluminador.

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