La sonrisa en la sociedad actual


Cuando en el día a día nos encontramos una sonrisa, nos sentimos en casa. Motivos para sonreir nos sobran en la mayor parte de los casos, como para estar satisfechos en lo cotidiano. O, al menos, no tenemos tantas justificaciones ni estamos tan legitimados como para no mostrar una expresión amable y cordial.

Las sonrisas lo cambian todo. De esto, como sujetos “pasivos” que las aceptamos de buen grado y que nos ayudan, tenemos experiencia sobrada. También de lo contrario, de aquellas ocasiones en las que somos “agentes” contagiosos de “buen ambiente” para con otros.

Hoy me gustaría agradecer expresamente la sonrisa de ciertas personas que, durante este día, que en absoluto ha sido especialmente triste ni nada por el estilo, sino simplemente normal, han marcado la diferencia:

  1. A todos los alumnos que pueden sonreír en clase. Sobre todo en aquellos momentos en los que la clase se pone especialmente costosa. Por la hora, por la materia, por el cansancio, por el esfuerzo que hay que hacer. ¡Gracias!
  2. A quienes por los pasillos del trabajo saludan y hacen alguna broma que genera buen ambiente. Por la sonrisa de complicidad que implica, por romper barreras institucionales a favor del trato entre las personas y del reconocimiento de la mutua humanidad en espacios muy deshumanizados. ¡Gracias!
  3. A quienes afrontan dificultades con espíritu positivo, sin buscar enfrentamientos y valorando que hay algo más importante que llevar la razón. Porque su actitud favorece el diálogo, la toma de decisiones no pocas veces costosa y difícil. ¡Gracias!
  4. A quienes se ríen de las noticias tal y como las cuentan en los medios de comunicación, fomentando el espíritu crítico, la libertad de pensamiento, los criterios personales por encima del “rebañismo de masas”. ¡Gracias!
  5. A quienes hacen del deporte y del ocio un tiempo para la distensión, para la salud, para el compañerismo, aparcando competitividades destructivas y demoledoras, procurando que todos encuentren su lugar en el juego o en la conversación. ¡Gracias!
  6. A quienes entran por la puerta de su casa procurando contar lo más amable de su jornada, riéndose con educación de lo que sucede a su alrededor. Por hacer de su familia y entorno cotidiano un espacio para la libertad y el crecimiento, para la expresión confiada y la visión creativa y positiva de la realidad. Por la buena educación que ofrecen, desde lo más práctico: la sonrisa. ¡Gracias! Gracias, muy sinceras y especiales, por respetar el crecimiento de los más pequeños, acompañar sus tratadas con educación y seriedad, y saber reírte con tu pareja al ver crecer el fruto de tus entrañas. Y gracias a los hijos, niños, jóvenes o no tan jóvenes, que saben compartir con sus padres de forma agradecida unas palabras que alienten y animen en tiempos de tempestad. ¡Gracias!
  7. A quienes saben distinguir entre reírse y mofarse de alguien, y no permiten ni el ensañamiento y las bromas fáciles contra otros. A esos que tienen un humor ingenioso, algunas veces casi oscuro y sutil, que además hace pensar en cosas grandes. ¡Gracias!
  8. A quienes comparten sus chistes por la red, sin llegar a convertirse en spam y con mesura, y dan este toque diferente a las bandejas de entrada, a las TL de las redes sociales. ¡Gracias!
  9. A quienes crean sus propios chistes y bromas, y comienzan riéndose ellos mismos cuando no entienden lo que dicen. Sin ellos el mundo sería terriblemente más simplón y vulgar. ¡Gracias!
  10. A quienes, por último, aceptan la sonrisa de Dios sobre el mundo, en lugar del permanente lamento y pesadez. Sabemos que Dios, por encima de todo, nos mira como hijos amados, queridos. Gracias por aceptar su sonrisa, su gracia, su talento y su alegría. Por dejarte contagiar por ella y traslucirla en servicio, amor, transformación de la realidad, compromiso con los de cerca y los de lejos, pasión por el trabajo de cada día, superación de dificultades y cansancios, creación de grupo y animación de los demás, motivación para continuar siempre y empezar cuantas veces sea necesario, aceptación del otro tal y como es, aceptación de uno mismo en sus muchas capacidades y límites… ¡Gracias a Dios por crear tanto bueno, y tanto muy, muy bueno!

(Tomado de Preguntarse y buscar)

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