A por todas – Preguntarse


Sugiero que durante un día te lo escribas en el brazo, en la mano, en un post, de tono en tu teléfono… donde quieras con tal de tenerlo presente de forma continua. Porque no pocas veces vamos caminando “a lo que salga”, o “a ver qué sucede”. O peor aún, vamos caminando sin darnos cuenta siquiera de que caminamos. Hace fata meterle ganas y entusiasmo a la vida que llevamos. Cuando llegue la noche, valorarás la diferencia.

  1. Salir con fuerza. Creyendo en lo que hacemos, al estilo de un equipo de fútbol que se lanza al campo deseando la victoria, o de una madre en mitad de la noche que salta de la cama al escuchar su pequeño, o de un padre de familia que abandona el trabajo para volver a casa. Salir, sin dejar atrás. Salir para abrazar lo que llega.
  2. Salir con rumbo y con las ideas claras. Si vas algún sitio, piénsalo antes. Si vas a dar un paseo gratuito por cualquier lugar, disfrútalo sin pretender nada más que el paseo. Si quieres algo, no te despistes, ni descentres, ni desvíes. Con educación y con civismo. Si tienes que girar tu vida hacia otros intereses y acciones, que sea por algo mayor de lo que habías pensado.
  3. Salir preparado. Las prisas tampoco son buenas compañeras. No se trata de lanzarse de cualquier modo, tirarse a la piscina sin mirar si hay agua, o correr para que nada estorbe al pasar defendiéndonos de nuestros contextos. Preparado significa aquí que llevas cuanto necesitas y sólo lo que necesitas. Para qué más, para qué acumular tanto, para qué cargarse de inmovilismos.
  4. Salir y contagiar. La motivación se pega, la desmotivación también. Si motivas a otros, contagias a otros, se lo pegas a otros, la actitud se multiplica también en tu beneficio. Si algo crees que es bueno, y puede ayudar, cuéntaselo a otros para que participen. Pero díselo, prudentemente, no tanto a los que lo necesitan, sino a quienes creas que pueden “contagiarse”. ¡No es lo mismo! Algunos no querrán sumarse y te harán la vida imposible.
  5. Salir y marcar. Los primeros goles impresionan. Las primeras canastas dan el tono del partido. Las primeras sonrisas del día, frente a los primeros bostezos, dan la nota. Si es lunes, grita: “¡Por fin lunes!” Te llamarán loco y desmedido. Pero habrás roto su existencia. Si es primera hora, abre bien los ojos. Los primeros deciden la ruta general.
  6. Salir dispuesto a cansarse. Sin ánimo de engañar a nadie, quien cambie de forma de vida sentirá que al principio todo pesa más de la cuenta, se hace cuesta arriba, y el cuerpo, la mente y el corazón tienden a permanecer “en lo de siempre” sin ser molestados. Por eso, conviene prevenir y adelantar el cansancio, el riesgo que hay que aceptar, y la dificultad para asumirlo. Ya no son “enemigos” foráneos los que agreden. Proviene de dentro. “Dispuesto a cansarse” implica que la paz no provenga del bienestar y la tranquilidad pasiva, ni el éxito se debe a que no hacemos nada. Más bien al revés. De vez en cuando, convendrá alzar la mirada al marcador y contar el tiempo que queda para reservar fuerzas.
  7. Salir y cuidarse. Los excesos del inicio se pagan durante la jornada. Si empezar genera interrogantes y algún que otro paso es costoso, hay que calcular bien hasta dónde se puede llegar. Quizá no lo sepas, ni seas consciente de tu fuerza, aliento y ánimo, de los resortes y recursos con los que cuentas. Tendrás entonces que arriesgar y aprender, sin dejarte limitar demasiado. O lo que es lo mismo, aprender que cuidarse no supone hibernar en una urna de cristal, que cuidarse también demanda aprender a curar las heridas propias de toda batalla.
  8. Salir y mirar alrededor, alzar la mirada al mundo, aplaudir a la grada. Porque salir de uno mismo y encontrarse con el otro, con el hermano, con el compañero, con el alumno, con el desconocido, con Dios es maravilloso. Apláudeles porque están ahí, sin dejarte solo. Aplaúdeles, felicítales, habla bien de ellos, ámalos porque son como son, y siendo como son, están. Aplaude también la creación entera, que desea en parte ponerse a tu servicio para ayudarte.

Tuneando la frase del inicio, versionándola un poco, te propongo que el segundo o tercer día escribas y busques “salir a por amor“. No tanto “a por todas”, queriéndote comer el mundo, sino a por lo mejor y lo único necesario. Cuando te atrevas a salir de casa por amor, y a volver a ella dispuesto a amar, abrirás los ojos a la profundidad del corazón del hombre, que ni desea otras cosas, ni siente que le falte nada cuando tiene esto. Entonces te darás cuenta de la mendicidad con la que caminamos, en busca de algo y sin saber bien qué es, y reconocerás que puedes dar gratis aquello que otros anhelan sin medida. Y te enriquecerás. Y todo cambiará a tu alrededor. Y lo difícil será fácil. Y las discusiones serán diálogos. Y las peleas dejarán paso a los saludos. Y las dudas marcharán detrás de la confianza sin poder alcanzarla ni adelantarle el puesto. Y lo negro se inundará de color chillón y llamativo, signo indicativo de la Vida mayúscula. Y nadie sentirá que le falta lo que tiene, ni saciará su sed torpemente en los arroyos. La preocupación no será entonces el tiempo, sino cómo se vive el tiempo. Y dejaremos de pensar en posibilidades múlitples para múltiples satisfacciones, porque la austeridad dejará de ser el recurso de los pobres para ser la maravilla de los felices que no pretenden cosas teniendo aquello de lo que hablar con alegría, hermosura y pasión.

 

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