Ver “Crash”


Sé que hay blogs y webs especializadas en cine. La intención de mis entradas no resulta pareja a la suya. Sólo dejar constancia libre de lo que he visto en el cine, en la televisión o en el ordenador. Y aclaro, desde ya, que en nada me parezco a alguien que tenga cultura cinematográfica. Algunos alumnos me superan solemnemente en esto, y me alegro mucho por ellos.

Crash canta a la vez dos prejuicios muy distintos entre sí. En la maraña de los personajes que presenta, entrelazándose hasta el punto de no distinguir claramente las historias particulares de cada uno de ellos, el espectador queda condicionado por las primeras impresiones. Las cuales, a su vez, no dudarán mucho tiempo superados las primeras bofetadas de la realidad que esconden detrás de las apariencias. Los dos prejuicios que señalo se oponen entre sí: el de lo bondadoso que encierra veneno y muerte en su interior; el de lo cruel y despiadado que testimonia rectitud y lucha en la cultura de lo impertinente.

Lo que queda al finalizar las dos horas de contemplación ensimismada es una terrible duda. ¿Seremos así, tal y como ha quedado narrado? La sospecha sembrada, de por sí, conduce a un nuevo prejuicio que tampoco favorece a nadie. No me parece justo que el camino hacia la limpieza de corazón pueda resolverse por medio de la falta de fe y credibilidad en lo que vemos en los otros, o incluso en uno mismo.

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