Leer a Martha G. Nussbaum


En la feria del libro de Madrid, hace cuatro años, en 2008, me topé en una caseta con una editorial desconocida que tenía un libro desconocido para mí, con un título inmesamente atractivo. De la autora tampoco sabía nada. Era entonces aquel tiempo remoto en el que las consultas debían esperar al “internet en casa”.  Como no disponía de mucho tiempo, ni había allí ejemplares suficientes, adquirí la obra después de hojearla muy por encima. Se trataba de La fragilidad del bien. Al llegar a casa pasé de internet, abrí el libro y me encandiló su inicio, el orden de la exposición, la entereza del análisis y la profundidad de la propuesta. Soy un enamorado de la cultura clásica griega, y cuando alguien une tan admirablemente la filosofía y la literatura, a mí me cautiva. Por cierto, se nota el toque femenimo que imprime en sus letras. No disponemos de muchos ejemplos equilibrados al respecto.

Este año le han dado el Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales. Cuando apareció su nombre me llevé una doble gran alegría, por ella y el reconocimiento, por mí y por mi criterio y lectura. Resulta que Nussbaum se ha convertido en una referencia muldial de la ética y de la sociedad, y necesitamos gente como ella. Así que, continuando su estela, he vuelto a pagar dinero por cultura en la Feria de 2012, para la misma autora, distinta editorial y título exactamente igual de atractivo. Por cierto, que también con un volumen de páginas considerable. He comprado El conocimiento del amor. ¡Qué mal queda la frase anterior porque no se puede pagar con dinero algo tan grande! Esta vez, en lugar de una obra uniforme y contundente de principio a fin, se trata de una colección de artículos al hilo de conferencias sobre filosofía y literatura que pueden ser leídos sin continuidad. De hecho, yo he empezado por la novena, salté a la última, me acerqué a la undécima con temor y temblor, me empapé luego de la cuarta y me aguarda la octava. ¡Viva el libre albedrío que permite escribir así y que yo pueda leer a placer como quiera!

Como no puede ser de otro modo, termino invitando a todos los interesados en filosofía y literatura unidas, sabiendo que esta distinción probablemente sea en exceso desconocida por los griegos clásicos, a leer al menos el primero de los dos que he nombrado. Por mi parte, en cuanto pueda, me haré con El ocultamiento de lo humano: repugnancia, vergüenza y ley cuando disponga de tiempo suficiente para su lectura. Lo que acabo de leer sobre él me ha dejado inquietantemente admirado y ha rebasado el límite que soporta mi curiosidad.

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