El valor de la educación


Las crisis generan movimiento. Parece que despertamos. Mi madre siempre decía que los que tenían menos recursos se convertían gente más avispada, y que tener mucho embrutece en ingenio y causa daños en la agilidad mental. Puede estar equivocada a grandes rasgos, pero de nuevo constatamos que “reconocerse en crisis” provoca al menos pensamiento, crítica, análisis, junto al desconcierto que aprovechan unos pocos para pinchar a muchos y despertarlos del letargo. Cuando todo parecía en educación que tenía solución a base de inyecciones de dinero y proyectos estrella como el bilingüismo, no eran demasiados los que se paraban a reflexionar. Sin embargo, ahora, que parece que los recortes son agudos y los problemas son los de siempre con algún que otro incentivo, todos se ponen a escribir. Me hubiera gustado escuchar muchas de las cuestiones que leo estos días en los tiempos de bonanza desaprovechados.

La educación está al servicio del alumno. Él es el centro. Y en torno a él deberían girar todos los esfuerzos que se realizan. El resto de circunstancias no son más que circunstancias, sean las que sean. Y alumnos hay de muchos tipos, aunque siempre son alumnos, y ante la diversidad deberían reconocerse distintos modos de proceder legítimos. Afirmar con claridad que el centro es el alumno nos debe llevar a varios análisis, o nos debería haber llevado hace tiempo.

  1. ¿Qué le pasa al alumno en clase, y cuáles se quedan fuera o se van? Aburrido, sin atención, carente de motivaciones. ¿Cuáles son sus demandas? Clases divertidas y amenas, que sean activas. Y yo me pregunto. ¿Quién le ha dicho a este muchacho que debe pedir eso y no más exigencia, disciplina y trabajo para aprender más? ¿Por qué no pedir, sin más, aprender más? Hemos convertido al alumno, no pocas veces, en el centro de la enseñanza por la vía caprichosa de quien tiene que estar cómodo, tener tiempo para todo y no cansarse excesivamente.
  2. ¿Cuál es el papel de los maestros y profesores? ¿Cómo se encuentran? Son educadores, decimos. Y eso nos sirve para justificar que tienen que hacer prácticamente de todo, desviando atención y recursos de lo fundamental. En sus exposiciones de estos días se leen comentarios de carácter muy diverso, como que se les ha burocratizado, ninguneado, faltado al respeto y tratado como niños al servicio de casi todo. Y en parte lo comparto, y en parte no. Aunque supongo que si dialogase con quien ha escrito estos días estaríamos principalmente de acuerdo. ¿Por qué los profesores hablan así? Porque no pueden ser los únicos preocupados en la formación de las siguientes generaciones, ni se les puede hacer responsables de situaciones tan graves como el fracaso escolar, la violencia y la convivencia de una generación y nación entera. En esto estoy absolutamente de acuerdo. Dicho lo cual, creo que el papel de la escuela en la formación de los jóvenes es estratégica y fundamental, siempre y cuando no se les abandone de manera tan sangrante como muchas veces se sienten. Es decir, que las familias, los medios de comunicación, los políticos incluso, las empresas del entorno, y todos deberíamos estar a una. Y vemos que no es así.
  3. ¿Qué opinan las familias? Ahora se intenta hablar con familias para mostrarles el desacuerdo de los profesores por los recortes de educación. Una llamada convocante en una reunión para ir en favor de… ¿los alumnos o de los profesores? ¿Para politizarlos y enfrentarlos con la administración? ¿Por qué no había reuniones serias con las familias de los colectivos de alumnos en los que se veían más dificultades? ¿Por qué no se llamaba con mayor insistencia a la unidad contra la falta de trabajo o de actitud positiva por parte del alumno en su estudio? ¡Me temo que eso es lo realmente fundamental. La opinión de las familias, en favor de sus hijos, no siempre es la más adecuada. Se sabe incluso públicamente y todos lo comentan, pero del vecino. Las familias tienen que entrar en procesos de formación y de apoyo a los centros educativos para que sus hijos reciban una verdadera educación. Lo más triste es que las familias, cuando van al colegio a hablar con sus profesores, creen saberlo todo y viven en la más absoluta ingenuidad muchas veces, manipulados por la opinión de aquellos a los que deberían querer más y creer menos. (Siento la dureza de las expresiones.)
Dicho sea de paso. Lo que más me preocupa es la situación de los alumnos en sus clases, ordinariamente. Y la sensación que tienen algunos profesores de estar dándose golpes contra paredes (no una, sino muchas) que desatienden indicaciones, que faltan al respeto, y que creen saberlo todo. Personalmente, son los alumnos los que se cierran a la innovación metodológica de manera más clara y evidente, quienes no permiten que el desarrollo del curriculum sea adecuado, intenso y profundo, y los primeros que no están centrados en lo que deberían hacer. Hablo, no de todos, pero sí de muchos. Y son ellos el motivo principal de la educación, no los profesores. Un profesor podría trabajar mucho más y mucho mejor si los alumnos pusieran de su parte incitados por los padres y sus familias. Pero no es así. Lo que encontramos no es eso, año tras año. Todos lo sabemos, y se seguirá permitiendo.
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