Claves para el diálogo estratégico


Una lectura breve y muy recomendable (escrito principalmente a parejas, pero apto para otras circunstancias) es “Corrígeme si me equivoco“, de Giorgio Nardone, publicado en Herder. La perspectiva que toma para el análisis y propuesta es la del “diálogo estratégico”.  Es gracioso desde el inicio, y muy interesante en sus apreciaciones. En un mundo en el que las palabras son tan importantes, en el que se exige un verdadero diálogo y la toma de decisiones conjunta, en el que las relaciones son cada vez más estrechas y directas, convendría darse una vuelta por la reflexión que este autor nos muestra.

El libro señala primero los diálogos que fracasan, en sus diversas modalidades:

  1. Puntualizar. Una práctica que a la hora de la verdad, por muy racional, serena y tranquila que se presente, convertida en lo habitual pasa al lado de lo hiriente, empeorante y más conflictivo.
  2. Recriminar. Por mucha razón que tengan sus argumentos, quien recibe las palabras desde la recriminación no puede aceptarlas fácilmente. Provoca bloqueo emocional, se cierran las puertas a las soluciones, y comienzan las defensas, ataques y derribos.
  3. Echar en cara. Cuando se hace responsable del sufrimiento de una persona al interlocutor, de forma directa o indirecta. O cuando se da pie a pensar y sentir de esa manera. Quien se coloca a sí mismo como víctima irremediablemente tendrá que buscar los causantes de su mal.
  4. Sermonear. Ese arte tan ancestro que sitúa a dos personas en planos diferentes de sabiduría y conocimiento sobre lo justo y lo moralmente elevado, y lo hace de manera extensa, larga y paciente. Quien sermonea cree que la otra persona escucha, porque está callada, y sin embargo, al final de su tediosa explicación, aparecen nuevos conflictos relacionales.
  5. ¡Te lo dije! Irritación y alejamiento. No cosecha mucho más quien comunica de esta manera. Los errores aquí son profundizados, más allá del sufrimiento o dolor que provocan, por el distanciamiento afectivo del interlocutor, que se sitúa en un plano exterior a la compasión, a la proximidad y al cariño.
  6. ¡Lo hago sólo por ti! Propio de aquel que no se calla sus esfuerzos y sacrificios, y que de modo oculto está exigiendo en lugar de actuar desde la gratuidad y la generosidad. Quien empieza de esta manera, pronto manifestará que no se siente igualmente correspondido, y esté dando a entender que no le agradecen lo que hace. Por eso, se adelanta.
  7. ¡Deja, que ya lo hago yo! Es la versión educada de eres un inútil, sigue donde estás y no te muevas, o lo vas a romper y estropear todo. En algunos momentos puede ser tremendamente incapacitante, insensible y desmotivador. Las diferencias de poder y capacidad han quedado de manifiesto en forma de superioridad e inferioridad. Es más, puede que nadie pidiese ayuda.
  8. Reprobar. Alguno pensará en el típico “pero…” La cuestión es que ese “pero” lleva delante un entusiasmante mensaje de gratitud, de aprobación y de alegría, que es destrozado después. Ante esta actitud no queda nada más que reconocer la falta de comunicación existente detrás de la primera afirmación, su hipocresía y adornos.
Hasta aquí todo bien. Somos capaces de retratarnos. Quedarnos en esto sería como no hacer nada, e incluso haber estropeado todo el encanto de nuestras buenas intenciones encerradas en malas prácticas. Porque está claro que no todo se dice con la intención de herir y dañar, de ser ingrato y quedar por encima. Es más, reconocer humildemente que algunas veces nuestro diálogo falla porque la otra persona está en una mala situación o ha hecho una interpretación errónea, no es denigrante. Es parte de la humanidad encontrarse con estos conflictos.
Sin embargo, algunas pistas para avanzar y pautas para ser más dialogantes, no nos vienen tampoco mal. Por ejemplo, las siguientes, formuladas con un “antes que” no temporal sino de prioridad personal e importancia para el diálogo estratégico:
  1. Preguntar antes que afirmar.
  2. Pedir comprobación antes que sentenciar.
  3. Evocar antes que explicar.
  4. Actuar antes que pensar.
Todas estas buenas artes son entrenables, practicables. Ayudan más que dificultan y hacen la vida, indudablemente más fácil. Pero como todo en la vida… requieren buen corazón, no sólo herramientas estratégicas.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s