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Es cuestión de luz y de claridad. La luz la necesito para guiar mis pasos y no provocarme en falso. La claridad, creo que es más interior, creo que es más personal y potente. Se requieren ambas. La una sin la otra se confunden porque se demandan para mostrarse diferentes.
Para descubrir la vida se requiere amor. La luz se asemeja al amor por el calor y frescura que supone su presencia. Los rayos que desprenden enlazan, se centran, tocan y languidecen pareciendo no ser eternos. Pero la huella ha sido dejada. Como ocurre con la luz, que nunca se ilumina a sí misma, el amor supone servicio. Por eso es capaz de descubrir la vida, mi vida. Empuja y sale de sí. El amor a sí mismo es como estrella que todo lo absorve y se convierte en oscuridad. Para nuestra imagen, una estrella así ha dejado de ser estrella, porque no se muestra y nadie se puede acercar. La luz no arrastra. La luz no empuja, ni absorve. La luz toca. El amor es necesario para descubrir la propia vida; sin amor la confianza es absurda e insufrible; lo mismo que sin luz. La confianza dispone las personas para abrir caminos y arriesgar, y ¿qué sería vivir al descubierto sino precisamente esto?
La claridad es distinta. Algunos conversan sobre su definición. Para mí la claridad es algo personal. Decimos si tenemos o no claridad sobre las cosas, porque es importante. Cuando todo se confunde, se junta y se desordena afirmamos con total claridad sobre la situación: “Esto no está claro.” ¿Paradójico? ¿Contradictorio? ¿Posible? Sí. Tenemos claridad sobre las cosas, sobre todo cuando están des-clarificadas. Es como si en nuestro corazón permaneciese siempre presente, pase lo que pase alrededor, la constante llamarada de la verdad. Cuando me miro a mí mismo, ocurre lo mismo. Soy capaz de decirme si están o no las cosas claras, dispuestas con orden o al margen de la verdad. ¿Paradójico? ¿Posible? Para vivir al descubierto necesito esta claridad, ahogarla o no escucharla, sería condenarme a la oscuridad. Cuando hablo o callo, esta claridad está presente. Es más, la claridad me hace vivirme con verdad, arriesgado, al límite de lo que soy y hago, vivir al descubierto, mostrando, enseñando … no cosas, sino lo que soy. De igual manera que antes decía que esta llama es complicado apagarla, igualmente creo que es igualmente complicado vivir “sin mostrarme” de alguna manera. Para algunas personas, con nombres y rostros concretos, esta claridad sirve para ordenar y mostrar orden, pero para otros esta claridad lo único que hace es transparentar vidas desordenadas, tensas, necesitadas y demandantes.
Mi vida al descubierto requiere del amor y la verdad. ¿La tuya? Yo necesito amar y decir la verdad, y confío en ser amado de verdad y que me digan la verdad con amor. ¿Te ha ocurrido alguna vez esto? ¿Has sentido la presencia de lo contrario? ¡Es aterradora!
Os paso una aportación de una amiga. Me ha pedido que lo cuelgue en el blog. Este es su comentario:
…después del verano…
…va pasando el verano, para unos antes, para otros después e incluso para otros nunca comenzó…
…es gracioso ver como con la llegada del verano van y vienen ilusiones, decepciones, alegrías, fracasos, es increíble la cantidad de buenos propósitos que nos hacemos cuando comienza el verano, “voy a ayudar a mi padre en el trabajo”, “estudiaré”, “visitaré a mi abuela”…planificamos todo minuciosamente, pero nunca caemos en la cuenta de que es un periodo desordenado, y tenemos que hacer tantas cosas…que al final no hacemos nada…es triste pero es así y seguro que más de uno sueña durante el verano con volver a su vida de siempre, a la normalidad, a esa monotonía de la que tanto nos quejamos pero a la que tanto echamos de menos…
…ahora nos quieren hacer pensar lo contrario, y digo nos quieren, porque me refiero a los medios de comunicación, esos que tan sigilosamente nos manipulan casi sin darnos cuenta…si habéis visto o leído las noticias en la última semana dicen que padecemos el llamado “síndrome postvacacional” y que se puede caer en una depresión…y yo me pregunto: ¿como vamos a caer en una depresión si…venimos de vacaciones, de hacer lo que queremos, de descansar…? llevo toda la semana acordándome de un buen amigo que cierta noche de este mismo verano…contaba que ahora a cualquier cosa se le llama depresión y que es la misma sociedad la que te lleva a pensar que la padeces…claro como a mi vecino le pasa…pues a mi también…¡que curioso!
…bueno desde aquí os animo a que cuando volváis a la rutina lo hagáis con ganas, con alegría, con “las pilas cargadas” como se suele decir, no os dejéis llevar por la marea…luchad con pasión!
Un abrazo