No sólo con palabras


Cuando la luz del día…
Septiembre 5, 2007, 9:10 pm
Archivado en: generosidad, pensamiento, reflexiones, relato, vida

Cuando la luz del día está en su cumbre y aún así es insuficiente. Parece que es más fácil escribir desde la melancolía o la tristeza. A mí escribir me alegra, me hace sentir que todavía estoy vivo, que quedan resquicios de algo intenso que hubo, que las palabras son huellas que trasporto al mundo… Leer poesía cuando la luz es insuficiente, cuando la claridad sólo muestra la oscuridad que llevo dentro. Para mí leer poesía supone abrirme a mundos de otros, resquebrajar el hielo del corazón duro por la ternura del detalle, por la metáfora elegante o el simil sencillo. Me gusta que los niños lean poesía, que se atrevan a escribirla… creo que algún día así el mundo puede ser incluso mejor y más bello. Prefiero ser un niño más que lee poesía casi sin entender.

Cuando la luz del sol está en su cumbre… no veo más sombra que dentro, o en mis pasos. No hay oscuridad detrás, no la hay delante. Miro mi historia y creo que fue mejor, intento adelantarme para salir al tiempo y tampoco siento que exista tanta negrura…

Cuando la luz del sol está en su cumbre… todo parece más desordenado. Las sombras no ocultan nada. Se perciben las ausencias y se miden las distancias. La luz no ciega, no niega.



Sé que suena a tópico
Septiembre 3, 2007, 6:30 pm
Archivado en: bien y mal, cristiano, generosidad, pensamiento, reflexiones, relato, sorpresa, vida

Sé que puede sonar a tópico, y ojalá lo fuera. Viajaba hoy en tren, algo que habitualmente he dejado de hacer. Ya saben, el poder de los coches, te ahorra tiempo y esfuerzo aunque te quite dinero del bolsillo. Durante el viaje, por ser el primer día de trabajo aquí en España, todos íbamos de pie, menos los típicos afortunados que viven más lejos, que se suben antes a la carreta.

Ya no es un tópico ver cómo alguien cede su sitio a otra persona. Lo contrario sí. Comienzan a ser tópicas las miradas entre los pasajeros postrados en sus sillones, como invitando a otros cómodos compañeros de trayecto a levantarse por educación. En España es una desgracia pero ya no ocurre. De hecho hoy, una señora con una niña pequeña ha conseguido hacerse un hueco entre tanta persona reunida, y ha llegado al centro de todos prácticamente. Allí, pensaría la señora, soy más visible. Lo contrario hubiera sido más acertado, colocarse delante inmediatamente de un pasivo y dormilón señor, o de una joven con su aislante música. Nada. En mitad, justo en mitad, en la no vista de todos.

Suena la distancia de la estación y, contra mis pronósticos poco esperanzados, una chica de hermoso interior se levanta. Esto es poco usual, por eso lo cuento. Arranca de su trasero el asiento que parece pegarse a quien lo posee, y lo cede. Impresionante hecho.

Dos estaciones más allá, junto al asiento símbolo de la generosidad y la supervivencia de la especie en su esencia humana, un hueco. Reacción menos tópica que la anterior: la señora que ha recibido el favor, coge los dos asientos, y mientras levanta la voz para llamar a su generosa promotora de seguridad vial. ¡Hay un asiento, siéntese!

Lección doble en la respuesta: “No por favor, continúe usted sentada. Deje a su hija pequeña que se siente en el otro lugar, y así no tiene que llevarla en sus rodillas.”

Señores, es triste que no sea un tópico. Pero a algunas personas, les ha “sentado” muy bien la vuelta al trabajo. También, pese a todos los comentarios sobre el posestress vacacional y mandangas varias, he de observar que pese a gestos como estos las caras (largas y duras) de la gente continúan siendo las mismas que en marzo, abril, mayo, junio y julio prevacacionales.

Hay cuestiones que se pueden hacer depender de nada. La generosidad, una de ellas.