Estaré contigo todos los días, hasta el fin del mundo


A más de uno esta frase os sonará a chulería pura y dura. Sólo decir, que lo siento por vosotros si pensáis así. ¡No sabéis lo que os perdéis! A otros os vendrá a la cabeza la necesidad de un buen amigo en los días oscuros y grises, en los momentos de debilidad y mayor desamparo. Os digo que tenéis razón, que probablemente no hay nada más necesario en este mundo que encontrar un buen amigo antes de los días oscuros y tristes; pero váis por mal camino, muy malo, si ceñís la amistad a la prueba del dolor, del sufrimiento, de la soledad o el abandono. ¡No tentéis al amigo nunca! A los demás os quedará la posibilidad, diferente de las anteriores, de un compromiso para toda la vida dicho en un momento puntual. Y sois unos ignorantes si estáis en esta tesitura, pensando que son palabras que pueden nacer de un hombre de fiar, de una persona inteligente o de alguien prudente. Nadie en su sano juicio comprometería su vida de semejante modo. Algo se le ha debido extraviar para que pueda comprometerse a los días de otra persona, y no sólo conformarse con los suyos propios. Puede que alguno prefiera pensar que se trata simplemente de una mentira, y se quede apaciblemente sentado en su especticismo, dejándose rozar por lo que sueña y desea, sin atreverse a mover ni un ápice su vida por intentarlo. Los escépticos son de lo más cruel, porque su crueldad se extiende desde ellos mismos, desde su propia negación y desconocimiento, hacia los demás, como en un movimiento que todo lo somete a la pisada dura y endurecida.

Hoy resuena -verbo que utilizo últimamente mucho, pero no encuentro otro más propicio y más fiel a lo que vivo- en mí de modo diferente. Estaré, y será verdad, si me dejas participar de tu vida. Y estaré todos los días si especialmente me permites compartir contigo los buenos. Y no me apartas en los malos. En los malos tendrás incluso que soportar que te siga queriendo, y apreciando como siempre, con mayor delicadeza y ternura, por encima de mis torpezas. Ya sé que lo suyo sería haber dicho sobre todo en los malos, pero no. Has leído bien. Para estar en toda tu vida necesito que especialmente estemos juntos en los buenos. Necesito los buenos para que sean todos. Las risas, las charlas, los caminos, los montes y collados, las laderas, los abrazos, el descanso, las ilusiones, los entusiasmos, la fuerza, la pasión, conocerte ampliamente en tu bondad, en toda tu belleza y esplendor. En los malos entonces recordaré quién eres, aunque tú no lo veas. Los momentos malos no serán todo, ni dejaremos que así lo sea. Pero recuérdame que en los buenos debo estar también, porque se trata de compartirlo todo, de estar siempre, de estar fuera de mí y contigo, en tus alegrías, en tu paz, en tu descanso, en tu libertad, en tu sufrimiento, en tu tristeza más que en los míos. Se trata de participar de tu vida, de hacerme parte en ti y dejar que tú lo seas en mí. Y así, todos los días, con impulso renovado. Todo el día no podré, pero todos los días, si quieres, ¡seguro! Aunque no esté, aunque no hablemos, aunque no sintamos lo mismo. Sólo estaré si tú quieres, abres la puerta, me dejas pasar más allá de todo aquello que puede separar a los hombres.

Si quieres, márcalo en tu calendario. Ante todo, grábalo en tu corazón. Y verás, como también yo puedo verlo, que si utilizas dos colores para los días buenos y los días malos, brillarán los buenos por encima de los malos, los que no me necesites para nada de aquellos en los que requieras mi auxilio, palabra y esperanza. En esto consiste el amor, precisamente. Y la amistad, y la libertad compartida, y el deseo que une, y la fraternidad, y todo lo grande. En lo contrario de lo necesario, en lo contrario de lo impuesto. En lo gratuito. Habrá días que no quieras, incluso, saber nada de mí porque andes entre tus cosas y agobios y preocupaciones, idas y venidas en un mundo capaz de atraparte y socorrerte. Verás que son más días los buenos siempre, que los malos. Yo quisiera compartirlos todos, es más, quisiera todo. Sé que es posible, porque quien lo dice es de fiar, digno de fe y confianza. Ahora bien, si tú quieres sucederá y será verdad ante tus ojos. Lo más bello que ha ocurrido, la belleza absoluta. El único bien digno del hombre.

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2 pensamientos en “Estaré contigo todos los días, hasta el fin del mundo

  1. Gracias Josefer, estas palabras las he escuchado a una persona hace 48 horas y en mi ceguera no había sido capaz de valorarlas en la inmensa magnitud que gracias a tu providencial intervención acabo de entender. Con este ansia de protagonismo q parece me caracteriza te digo una vez mas lo que siempre me sorprende: parece que los post siempre tan oportunos aparecen dedicados con mi nombre y apellido.
    Ahora soy muy feliz al saber valorar aun mas a quien hace 2 días me regalo estas mismas palabras…es providencial

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