Claves para el diálogo estratégico
Una lectura breve y muy recomendable (escrito principalmente a parejas, pero apto para otras circunstancias) es “Corrígeme si me equivoco“, de Giorgio Nardone, publicado en Herder. La perspectiva que toma para el análisis y propuesta es la del “diálogo estratégico”. Es gracioso desde el inicio, y muy interesante en sus apreciaciones. En un mundo en el que las palabras son tan importantes, en el que se exige un verdadero diálogo y la toma de decisiones conjunta, en el que las relaciones son cada vez más estrechas y directas, convendría darse una vuelta por la reflexión que este autor nos muestra.
El libro señala primero los diálogos que fracasan, en sus diversas modalidades:
- Puntualizar. Una práctica que a la hora de la verdad, por muy racional, serena y tranquila que se presente, convertida en lo habitual pasa al lado de lo hiriente, empeorante y más conflictivo.
- Recriminar. Por mucha razón que tengan sus argumentos, quien recibe las palabras desde la recriminación no puede aceptarlas fácilmente. Provoca bloqueo emocional, se cierran las puertas a las soluciones, y comienzan las defensas, ataques y derribos.
- Echar en cara. Cuando se hace responsable del sufrimiento de una persona al interlocutor, de forma directa o indirecta. O cuando se da pie a pensar y sentir de esa manera. Quien se coloca a sí mismo como víctima irremediablemente tendrá que buscar los causantes de su mal.
- Sermonear. Ese arte tan ancestro que sitúa a dos personas en planos diferentes de sabiduría y conocimiento sobre lo justo y lo moralmente elevado, y lo hace de manera extensa, larga y paciente. Quien sermonea cree que la otra persona escucha, porque está callada, y sin embargo, al final de su tediosa explicación, aparecen nuevos conflictos relacionales.
- ¡Te lo dije! Irritación y alejamiento. No cosecha mucho más quien comunica de esta manera. Los errores aquí son profundizados, más allá del sufrimiento o dolor que provocan, por el distanciamiento afectivo del interlocutor, que se sitúa en un plano exterior a la compasión, a la proximidad y al cariño.
- ¡Lo hago sólo por ti! Propio de aquel que no se calla sus esfuerzos y sacrificios, y que de modo oculto está exigiendo en lugar de actuar desde la gratuidad y la generosidad. Quien empieza de esta manera, pronto manifestará que no se siente igualmente correspondido, y esté dando a entender que no le agradecen lo que hace. Por eso, se adelanta.
- ¡Deja, que ya lo hago yo! Es la versión educada de eres un inútil, sigue donde estás y no te muevas, o lo vas a romper y estropear todo. En algunos momentos puede ser tremendamente incapacitante, insensible y desmotivador. Las diferencias de poder y capacidad han quedado de manifiesto en forma de superioridad e inferioridad. Es más, puede que nadie pidiese ayuda.
- Reprobar. Alguno pensará en el típico “pero…” La cuestión es que ese “pero” lleva delante un entusiasmante mensaje de gratitud, de aprobación y de alegría, que es destrozado después. Ante esta actitud no queda nada más que reconocer la falta de comunicación existente detrás de la primera afirmación, su hipocresía y adornos.
- Preguntar antes que afirmar.
- Pedir comprobación antes que sentenciar.
- Evocar antes que explicar.
- Actuar antes que pensar.

Comentarios recientes