Son muchas las películas en las que hoy podemos observar cómo se propone la lucha entre el bien y el mal. Sin duda, Harry Potter ha sido desde el inicio una de ellas. En su temática está explícito.
Hay un fuerte contraste entre lo que vemos en la gran pantalla y lo que vivimos en la realidad. Mientras en una se muestra cómo esto es “real” en la realidad no se percibe, por la inmesa mayoría de las personas. Y esto me parece serio.
Para no desvelar mucho sobre la película, sí quisiera comentar una escena que me llamó poderosamente la atención. Llegado un punto de la película a Harry se le da a conocer cuál es la causa de sus extraños pensamientos: alguien le está dominando desde el interior de sí mismo, desde su propia personalidad; alguien, en definitiva, controla su vida. Este pensamiento no es agradable para la sociedad de la libertad, de la elección siempre posible y siempre única. Sólo hay una razón por la que Harry se resiste a ser controlado. Me parece genial la intuición que se plantea respecto a este arma poderosa: no es la autoafirmación de Harry sobre el resto de cosas, no se plantea su capacidad de decisión, no es una llamada a la libertad moderna (“yo puedo solo”)… El diálogo en ese momento es increíblemente sano: el amor y la amistad.
Os invito a ver esta escena. Al menos esta escena por su gran valor pedagógico y educativo. Ojalá muchos jóvenes, al salir de la película, puedan recordarla y aplicarla en su “lucha” entre el bien y el mal (ojalá, dicho sea de paso, todos los jóvenes recuerden siempre que están inmersos en esta lucha, en esta guerra que es perderse o ganarse a sí mismos).
Un abrazo.
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